jueves, 9 de julio de 2009

CONCURSEANDO: EL TRASLADO

Por el Reverendo Padre Sotanillos.

Queridos hermanos.

Me hallaba el pasado lunes en el semisótano practicando ejercicios de levitación, cuando una algarabía procedente de los pisos superiores perturbó el sosiego necesario para ello. Indignado, encaminé mis pasos a uno de los despachos, encontrando a un buen montón de funcioneros apelotonados frente a uno de los ordenadores y presas de una gran excitación. “¿Han anunciado las trompetas la llegada del Juicio Final?”, pregunté ilusionado. Una voz anónima respondió “no, es que han salido las listas provisionales del concurso de traslado”... Reconozco avergonzado que no tuve reparos en clavar los codos en unos cuantos riñones y usar el recurso de los pellizcos de monja para aproximarme y entonces... allí, en un celestial documento PDF, entre cientos de nombres, vi el mío. ¡A L E L U Y A!


Pues habéis de saber que este humilde párroco hace ya algunos años que fue promocionado a la dignidad de archipámpano pero, sin duda por intervención del mismísimo Satanás, con destino en otra diócesis. Así pues, me encontré ante una disyuntiva moral, más grave si cabe que aquellas polémicas bizantinas sobre el sexo de los ángeles o la naturaleza divina de Nuestro Señor, ¿es compatible llevar una vida cristiana con levantarse a las seis de la mañana para coger un endiablado tren y ejercer el ministerio? ¿no es menoscabo para la dignidad sacerdotal pasarse dos o tres años viajando todos los días como un buhonero? Puede que tal travesía del desierto hasta alcanzar la tierra donde mana leche y miel sea apropiada para zíngaros trashumantes, arrianos, seguidores de Zaratrusta o incluso funcionarios de Hacienda, pero ¿compatible con la esencia párroco-funcionera judicial?

Finalmente decidí solicitar del obispo la excedencia en el cuerpo archipampanal y continuar como humilde párroco en esta sede judicial abulense. Durante todos estos años, y con paciencia de Job, he participado en multitud de concursos trasladeros, viendo como novicios recién salidos del Seminnario me pisaban las plazas. Pero ¡al fin! la humildad cristiana tiene su premio y ¡seré archipámpano en esta parroquia! Emocionado rogué a todos los presentes que eleváramos en acción de gracias una plegaria, mientras el Sr. Petit con su bella voz de barítono entonaba un Te Deum.

¡Ah! pero ¿no es nuestro paso por la condición funcionarial un valle de lágrimas? De pronto, el suelo se abrió bajo nuestros pies y el cielo cayó sobre nuestras cabezas. Una encíclica ministerial anunciaba que se habían cometidos muchos errores y aquellas listas, que apretábamos ilusionados contra nuestros corazones, las podíamos usar para limpiar nuestros esferoidales culos y profetizaba nuevas relaciones para el día 10. Ya les digo que Belcebú me la tiene jurada y apostaría que en conjunción con las altas temperaturas propias de estas fechas, ha reblandecido, aún más si cabe, los cerebros de los responsables del concurseo.

Así pues, hallándonos todos los afectados reunidos en la sala de bodas, os pido que forméis un círculo uniendo vuestras manos. Arrodillaos y rezad conmigo: ¡VIRGENCITA, VIRGENCITA... QUE ME QUEDE COMO ESTOY!

Y sí alguien osa pisarme la plaza, le juro que le excomulgo y luego... ¡le arranco el hígado con mis propias manos y consulto el porvenir en sus palpitantes entrañas



¡ÚLTIMA HORA!

EUROPA PRESS. Informan fuentes del Ministerio que los errores cometidos en la resolución del concurso de traslado pueden haber tenido lugar en la fase de introducción de datos en el sofisticado sistema informático, alquilado para la ocasión a la mismísima NASA. Todo apunta a un boicot llevado a cabo por el personal contratado para realizar dicha tarea, debido a un conflicto laboral. Concretamente, en protesta por la escasa ración de plátanos que se les suministraba. Por lo visto, se los habían comido los responsables del departamento, grandes aficionados a esa deliciosa fruta.



martes, 30 de junio de 2009

Historias del Funcionariado contadas por sus protagonistas. Capítulo IV: LA GANDULA

Ante la inmiinente publicación por parte del Observatorio Covachuelero de Estudios Jurídicos, de la magna obra en siete tomos y un apéndice onomástico “Un patilludo en los Tribunales de Justicia: Memorias de un funcionario setentero”, tenemos la satisfacción de ofrecer a nuestros estimados lectores un adelanto extractado del capítulo dedicado a la tristemente famosa Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (“La Gandula”).


!Cáspita! desde luego aquello no era una inspección rutinaria. Estaba claro que aquellos tipos de la Inspección de Tribunales, a los que sólo les faltaba el sombrero de copa para parecer un grupo de enterradores del Far West, buscaban chicha donde hincar el diente. Con sus bigotitos de falangistas y caras avinagradas no paraban de pedir secamente expedientes, libros de registro, relaciones e incluso husmeaban en los
cajones de la mesas y los polvorientos recovecos de las estanterías. ¡Qué barbaridad!, ¡esto es Babilonia! ¡se le va a caer el pelo!... eran algunas de las expresiones que les oía murmurar. ¿Cómo se había llegado a esta situación?

Para responder a esta pregunta es necesario que retrocedemos unos tres años en el tiempo, concretamente a finales de diciembre de 1977, momento de la incorporación del nuevo titular del Juzgado de Peligrosidad y Rehabilitación Social Nº Dos de Barcelona, donde un servidor era funcionario. Aun me parece oír al Oficial Palomeque, un viejo chivo apunto de jubilarse, susurrándome al oído "¿ha visto Vd. al nuevo Juez? ¡es un troskista! Seguro que la lía parda" ¡Hombre! ¡tanto como un troskista! aunque he de admitir que aquel magistrado barbudo, chaqueta de pana y con ese nuevo periódico bajo el brazo, no respondía a la imagen tradicional. Y menos aún para un carca como Palomeque, un fulano de tez amarillenta, pelo a cepillo y recortado bigotito, que se pasaba el día despotricando del libertinaje existente y del que se decía que se lo había pasado bomba en los años cuarenta depurando rojos masónicos.


Recuerdo que tras volver de las últimas vacaciones veraniegas, luciendo unas lustrosas y abundantes patillas (empeño modernizador de mi señora esposa), trabajo me costó convencerle que se trataba sólo de una cuestión estética y no un símbolo de rebeldía o la prueba evidente de ser un infiltrado al servicio del Politburó.

Lo cierto es que yo he sido siempre una persona de orden y nunca fui un yeyé melenudo de aquellos. Y aunque ahora todo el mundo alardea de haberle tirado adoquines a los gendarmes parisinos en el sesenta y ocho (en España no debió permanecer nadie aquel mes de mayo por lo visto, aunque sospecho que la mayoría se quedó en Perpignan viendo películas verdes) o corrido delante de los grises lanzando octavillas, he de admitir que yo no hice nada de aquello. Y eso que el Régimen siempre me la trajo floja y estaba encantando con todo eso de la transición, la democracia, la libertad sin ira y las revistas con tías en pelotas.



Verán, es que entre otras cosas no tuve tiempo. Nada más terminar con el Servicio a la Patria, allá por el sesenta y siete (la puta mili, creo que la llaman ahora), entre a trabajar de hortera en el negocio de un primo de mí madre. Bueno, no es que fuera un macarra de aquellos con pantalones de tergal estrechos en la zona del paquete y anchas patas de campana, camisas de cuellos gigantes, entreabiertas para mostrar el pelo del pecho y... sí hombre, esa fauna de machotes que se acodaban en la barra de las boites girando en una mano las llaves del seiscientos y un vaso de tubo con wiskhey en la otra; susurrando a cualquier jamona que pasara por allí "Chati ¿quieres una copa?" No, quiero decir en el antiguo sentido de la palabra, o sea, mancebo de ciertas tiendas de mercader, en este caso de un comercio de tejidos. Allí entre enormes estanterías llenas de telas de todo tipo y clientas gordas trabaja también Petrita, recientemente llegada del pueblo y pariente lejana de los propietarios. Y entablamos relaciones. Honestas, por supuesto.



La cosa es que todos en buena compaña acabamos desplazándonos un sábado al pueblo para disfrutar de las fiestas en honor de San Onofre Decapitado, patrón de la localidad. Durante la verbena procuré no separarme un metro de Petrita y su numerosa parentela. Sobre todo por las miradas asesinas que me echaban los mozos y por los comentarios que de vez en cuando podía cazar al vuelo: "rediez con los lechuguinos de la ciudad, ¡que vienen a quitarnos las mozas...!" "...en cuanto se despisten las carabinas, al pilón con él... o mejor, le tiramos por el barranco" A pesar de las amenazas territoriales de aquellos palurdos y teniendo en cuenta que (aunque aquéllo no era precisamente San Francisco sino un poblachón mesetario) aquel verano de 1967 era el verano del amor o puede que por el efecto del vinazo de la tierra, lo cierto es que aprovechando el tumulto que se organizó en la plaza cuando el conjunto que amenizaba el cotarro comenzó al tocar la yenca (¿o quizás fuera el Kasachoff?) Petrita y yo acabamos en el pajar de su tío Virgilio. Allí, entre mugidos, cacareos y rebuznos, y como se decía en las radionovelas de la época, la poseí. Tres veces.



Como Petrita se había quedado en el pueblo para ayudar en la recogida de la cosecha de garbanzos (o puede que fuera alguna otra leguminosa que daba lustre y fama a la localidad) me olvidé de aquella noche de lujuria, hasta que un día que estaba en la trastienda comiendo un bocadillo de sardinas, me avisaron de que un señor con cara de malas pulgas preguntaba por mí. Al principio no le reconocí, aunque aquella única ceja sobre ambos ojos me resultaba familiar. Además, me extrañó la astrosa gabardina que lucía a pesar de ser finales del mes de agosto. Parecía un Humphrey Bogart achaparrado con alpargatas y boina. En un principio empezó a decir no se que cosas sobre ¡un pajar!... y entonces le reconocí ¡aquel fulano era el tío Virgilio!

Lo primero que se me vino a la cabeza fue que que en nuestro frenesí concupiscente habíamos aplastado alguna gallina y aquel gañán venía a pedirme cuentas; pero antes de que pudiera decir nada, y como si se tratara de un mafioso napolitano, continuo desvariando sobre el honor familiar hasta que soltó la bomba, o mejor dicho, lo del bombo... ¡y no hablaba de ningún instrumento de percusión! Entonces comprendí el objeto de la gabardina: entre las solapas asomaba ligeramente lo que parecían ser los sendos cañones de un escopetón con el aspecto de poder partir en dos a un rinoceronte adulto de un sólo disparo. "¡Sí,señor! yo... ¡me caso!" Fue lo único que se me ocurrió decir. ¡A la vicaria de cabeza!



No sé si sería por los garbanzos de su pueblo, por mí puntería infalible o por que Petrita le cogió gusto a eso de la preñez, lo cierto es que cuando me quise dar cuenta podía optar al Premio Nacional de Natalidad y ya me veía saliendo en el NODO visitando el Pardo. Afortunadamente para las finanzas familiares un hermano de mi padre, que era comisario de la Brigada Político Social de Barcelona, me consiguió un enchufe para entrar de meritorio en los Juzgados. El sueldo era una mierda pero el trabajo funcionarial me permitía dedicar las tardes al deporte nacional de aquellas fechas: el pluriempleo. La contabilidad de una droguería, cobrar facturas de un montepío, venta a domicilio de ollas express y aspiradoras... lo que fuera.

Pero volvamos al año setenta y siete y la incorporación de aquel magistrado progre a la covachuela judicial. Al día siguiente pidió que le lleváramos a su despacho todos los expedientes de aquellos que se encontraban ingresados en prisión. Bueno, en realidad todos aquellos homosexuales, drogadictos, trileros, putas, mendigos y algún que otro enajenado no estaban cumpliendo penas, sino simples medidas de seguridad ya que no habían cometido ningún delito, en suma se suponía que estaban en un peligroso estado predelictual. Una putada. Naturalmente que por allí no pasaban las putas finas ni los asiduos a ciertos locales de la zona elegante.

Recuerdo la que se montó unos años atrás cuando un teniente de la Policía Armada recién llegado a la ciudad y, supongo, deseoso de hacer méritos, se empeñó una noche en hacer una redada en uno de aquellos bares tan finolis sin contar con la superioridad. Aquello fue todo un espectáculo. Entre aquella panda de locazas, el que no era hijo de un concejal, era sobrino carnal del Gobernador Civil de Tarragona o primo hermano del Vicario Castrense. Hasta el mariposón aquel disfrazado de Sarita Montiel resultó ser un general de la Brigada Acorazada Brunete que andaba de parranda por Barcelona. Naturalmente los teléfonos comenzaron a echar humo y se dio carpetazo al asunto. En cuanto al Teniente, fue fulminantemente trasladado al Aaiún con la importante misión de contar boñigas de dromedario.

Como el magistrado del Juzgado Nº Uno se encontraba ausente, y por tanto el nuevo juez, se ocupaba también de aquel Juzgado, repitió la jugada. En total contabilizamos unos 250 encarcelados y a la mañana siguiente se largó acompañado del Secretario Judicial a recorrer las prisiones y ¡los puso a todos en la calle! Bueno, excepto a los zumbados peligrosos. Estábamos en plenas navidades, así que sólo les faltó ir disfrazados de Los Reyes Magos o de Papa Noel para dar la campanada total.



El hombre lo tenía claro. ¿No decía la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970 (por cierto, calcadita de la Ley de Vagos y Maleantes promulgada por la República en 1933, cosa que el facha de Palomeque no se cansaba de recordar a algunos de aquellos leguleyos rojeras y barbudos que se dejaban caer por allí) que las medidas de seguridad habrían de cumplirse en establecimientos especiales dotados de personal idóneo? ¿No dice el Código Civil que las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas? Pues como no existía nada de lo previsto en la Ley y, en la práctica, los declarados en estado de peligrosidad social acababan ingresando en las prisiones normales, acordó la puesta en libertad de todos ellos. Eso por no hablar del principio nom bis in idem.





Desde ese momento no se volvió a tramitar un expediente. ¡Oh! bueno, la Policía nos seguía llevando detenidos, así que se abría la correspondiente causa, se le tomaba declaración y... ¡el detenido a la puta calle y el expediente al archivo! Fin de la tramitación. Sí había cometido un delito o falta ya se encargaría del asunto el correspondiente Juzgado de Instrucción.


¿Y los funcionarios de aquel Juzgado? pues nos convertimos en unos consumados jugadores de mus, brisca, julepe, chinchón o cualquier otro juego de naipes que se les ocurra, alguno consiguió terminar la carrera de Perito Mercantil, otro logró incluso leerse integro los Hermanos Karamazov y hasta el carcundia de Palomeque dedicó sus últimos años de servicios a devorar con entusiasmo inusitado el Interviú, El Papus o El Lib. Yo por mi parte, me hinché de vender ollas Magefesa.

NOTA DEL EDITOR: En 1980 la mismísima Audiencia Nacional abrió una "información" sobre la situación de aquel Juzgado, resultando el Magistrado insumiso sancionado con la sustitución y deportación, aunque no separado de la carrera judicial. Finalmente las altas instancias judiciales decidieron buscarle un destino donde dejara de darles el coñazo ¿cuál? ¡la Sala de lo Social del Tribunal Supremo!

En cuanto a "La Gandula", todavía le quedaba un amplio recorrido a pesar de la escandalera montada por la prensa y la opinión pública, aunque ya estaba herida de muerte: Las Sentencias del Tribunal Constitucional de 1986 y 1987 que declararon inconstitucionales muchos preceptos de la misma, la Instrucción del Fiscal General del Estado en 1991 ordenando a los Fiscales que no solicitasen las medidas previstas en la Ley... hasta la definitiva derogación de tan ignominiosa norma en el Código Penal de 1995.
 

Dedicatoria.- Con cariño a Joselito, quien durante cincuenta años fue cocinero, niñera, empleada de hogar, mayordomo y lo que se terciara en casa de mis abuelos y posteriormente de mis padres. Recuerdo haberle oído describir como el momento más amargo de su vida la noche que pasó en un piojoso calabozo, acusado de escándalo público por el terrible delito de cantar unas coplas en un bar. No tanto por las horas privado de libertad, sino por las humillaciones, vejaciones y trato degradante a los que se vio sometido. Afortunadamente, y siendo mi padre oficial del ejército, su personación en Comisaría basto para liberarle. Al fin y al cabo, aquel "peligroso invertido" era quién cuidaba de sus hijos.

jueves, 18 de junio de 2009

MACHUCANDO

No hay mayor goce para un funcionero que el estampar en un expediente el sello de ARCHIVO y mandarlo a dormir el sueño de los justos... y pelillos a la mar. A partir de ese momento desaparece de su entorno vital y no suele pararse a meditar cual es el destino de aquel mamotreto lleno de grapas; quizás se autodestruya como los mensajes de las películas de espías, puede que las bacterias y hongos lo reduzcan a polvillo en un par de lustros o incluso sea devorado por un agujero negro. Pero ocurre que los expedientes suelen dejar una ristra de cadáveres en inexplorados cajones, olvidados rincones de los armarios o en cualquier esquina de los archivos: copias no utilizadas de informes, oficios, exhortos, acuses de recibo... a los que el paso del tiempo va dando un bonito tono amarillento o decolorando a juego con las pelusas que los cubren, mientras se suceden las sucesivas generaciones de chupatintas.

Y esto viene a cuento por la reciente noticia de que la Agencia de Protección de Datos quiere empitonar a varios órganos judiciales por haber tirado a la puñetera basura documentos que contienen información personal.

Bueno, al asunto en sí ya se le dio bastante publicidad en su momento y de hecho muchos funcioneros, viendo las barbas del vecino a remojar, solicitaron a la Gerencia que se les dotara de máquinas trituradoras de papel. En general la respuesta fue positiva y se recibieron tales chismes. Pero hay un pero... ¡que no desentonarían en una casita de muñecas! Es probable que los responsables sospecharan que algunos funcioneros, presas de un ataque esquizoide por el exceso de trabajo y enloquecidos en un frenesí vengativo y triturador, podrían perfectamente acabar introduciendo en el aparatejo cascador todo el equipamiento informático de la oficina, mobiliario, códigos legales y hasta el botijo comunal, no atreviéndose por tanto a mandar desmenuzadoras más potentes.

Pueden ver a continuación unos documentos gráficos que despejarán cualquier duda al respecto.































¿Se imaginan tener que destruir la montaña de papeles susceptibles del triturado usando esa birria? Ya nos gustaría ver a uno de esos señoritos de la Agencia esa deshaciéndose de las copias no utilizadas de un sumario de 15 tomos o del informe de 1000 folios emitidos por un perito para demostrar que las almorranas que padece un perjudicado son una secuela de un accidente de tráfico, empleando esa especie de molinillo de café. Apropiado quizás para hacer puré la documentación generada por un puesto de pipas o por la actual actividad de una inmobiliaria, pero no para la ingente cantidad de papelote excedente que circula por un Juzgado.

Seguidamente les mostramos el cacharro machacador que consideramos sería el apropiado para satisfacer las necesidades descalandrajadoras de un Juzgado mediano.

miércoles, 17 de junio de 2009

SERMONEANDO. Por el Reverendo Padre Sotanillos, asesor espiritual de los Juzgados Abulenses.


El baile agarrado, el Concilio Vaticano II, el bikini, los hippies, la televisión en color, el ocaso del refajo.... innumerables peligros a los que se ha enfrentado la Iglesia y de los que ha conseguido salir airosa. Pero, ¡alerta hermanos! los enemigos de la fe vuelven a intentar socavar nuestros cimientos con más perfidia si cabe.: No tratan ahora de destruirnos, no... sino de sustituirnos por una nueva y abominable doctrina a la que unos denominan Iglesia Laica, otros Zaparratistas del Séptimo Escaño, y algunos eminentes teólogos, Hijos de Pajín. ¡El acabose de la civilización occidental!

Y os preguntaréis, queridos feligreses, ¿Cómo hemos llegado a tan aterradoras conclusiones?. En un principio todo transcurría con normalidad, es decir, eminentes prelados diciendo burradas ante la exhibición de zanahorias diversas, que propiciaban que los promotores de la nueva y herética doctrina pudieran volver a sacar el espantajo del cura ultramontano armado con un trabuco, en indisoluble alianza con la derechona reaccionaria, y pasearlo por calles y plazas para regocijo de la chusma y de ciertos presentadores de televisión. Nada preocupante. Sin embargo, la lectura de una larga entrevista a Zapatorras en el Magazine de la Vanguardia nos dejó estupefactos: aquel tono babosón, esa moralina barata, aquellas berzotadas solemnes engarzadas como chorizos de cantimpalos, el Zen por aquí, el Zen por allá, el cándido mariposeo, esos conceptos extraídos del Maletín Ideológico de la Srta. Pepis... todo ello nos resultaba extrañamente familiar... ¡Va de Retro Satanás! ¿pues no era idéntico aquel sermón zapateril a la epístola que Anfiloco Naciancieno, el orate obispo de Iconio, dirigió a los Novacianos para intentar derrocar al Sumo Pontífice Carpóforo II?

Los acontecimientos se sucedieron con rapidez. Una sacerdotisa de la nueva fe y encefalograma plano hablando de ciertos seres de naturaleza incierta y glándulas mamarias vivas, pero no humanas: la demoniaca amancebada de Chucky afirmando que eso del interruptus del nasciturus permitirá disfrutar plenamente de la sexualidad (¡Venga! ¡todos a fornicar a pelo!, cuentan que exclamó entusiasmada) y anunciando urbi et orbe la buena nueva de la inminente llegada, no de un Mesías, sino de ¡DOS! a la vez: Zapatorras, émulo del Casto José, y un serafín negro. Y, por último, el mismísimo anticristo metamorfoseado en cabra consistorial con rizos, parodiando el sacramento bautismal en vez de dedicarse a arreglar los baches de las calles, que para eso le pagan.


¿Casualidades o luciferino plan para sustituir el Ojo Divino por la Ceja Cincunfleja?


Quedad en paz, hijos míos.

jueves, 4 de junio de 2009

¿Arte?

Sucedió esta misma mañana. Uno de nuestros reporteros buscaba un discreto rincón del edificio funcionarial para realizar una parada técnica o interrupción temporal de sus actividades, cuando en un perdido y solitario  pasillo se topó con la imagen que reproducimos a continuación.



Lo primero que pensó es que, por un ignoto fenómeno,  había viajado en el tiempo y en el espacio, materializándose en un museo de arte contemporáneo; aquel conjunto de monitores apretados los unos contra los otros podrían constitutir perfectamente la performance de un torturado artísta plástico o la instalación de un genio chiflado. La contemplación de arrugados post it, adheridos a duras penas contra algunas de aquellas viejas pantallas, con códigos del Libra, nombres de usuario o claves de acceso le enterneció profundamente. Es que es un tío muy sensible a cualquier tipo de manifestación artística. De hecho la semana pasado acudió a ver una exposición de encajes de bolillos y ceniceros hechos por los jubilados de un centro de día y afirma que  lloró de emoción. 

miércoles, 20 de mayo de 2009

BERZOTAS DEL DÍA: Hoy Bibiana Aido, Ministra de la cosa y experta bióloga

La ministra de Igualdad en una extensa entrevista en la SER, responde a la preguntas de si un feto de 13 semanas "es un ser vivo":

"Ser vivo claro. Lo que no podemos hablar es de ser humano, porque eso no tiene ninguna base científica"

Vale, es un ser vivo, pero si no es humano ¿qué es? ¿animal? ¿vegetal? ¿virtual? ¿del espacio exterior? Lo que sí sabemos es lo que es su Ilustrísima: ¡una auténtica berza!

¡Hum! complicado y delicado asunto este del aborto (o interrupción voluntaria del embarazo, si así lo prefieren) en el que entran en juego no sólo aspectos jurídicos, legales o médicos, sino también cuestiones éticas, religiosas, filosóficas... lo cual hace aún más inexplicable que Zapatorras I (al que últimamente los conejos que saca de la chistera se le transforman en cuestión de horas en ranas) haya dado el máximo protagonismo a la Criatura Ministerial en la elaboración del anteproyecto de ley encargado de regularlo.

No nos engañemos, la Sra. Aido es la típica hortaliza que se suele cultivar en los abonados huertos de los partidos políticos; alcachofas transgénicas desarrolladas al calor del aparato oficial que no han dado un palo al agua en el mundo exterior y que, aparte de su habilidad para medrar y chupar del bote en su hábitat natural, no parecen tener otras cualidades.

Lo dicho, una berza.

domingo, 17 de mayo de 2009

¡Al abordaje!


Madrid. (EUROPA PRESS).- El petrolero español 'Marqués de la Ensenada', que forma parte de la operación Atalanta para la lucha contra la piratería, llegó esta mañana al Puerto de Mombasa, en Kenia, para hacer entrega a las autoridades kenianas de los trece piratas que fueron detenidos por el navío español días atrás, informaron a Europa Press en fuentes del Ministerio de Defensa.


De este modo, se pone fin a toda un episodio que ha pasado por diferentes situaciones, ya que el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu primero ordenó la prisión provisional de los piratas y su traslado a España, pero, posteriormente rectificó, y dictó su libertad.
El Gobierno solicitó a la Abogacía del Estado que se personase para recurrir al auto que ordenaba la puesta en libertad y pidió a la Fiscalía que lo hiciese. La Abogacía solicitó entonces su personación como acusación en la causa, así como que los detenidos fueran entregados a Kenia para que sean juzgados en el país africano.
Finalmente, el pasado lunes Andreu dictó una providencia en la que aclaraba al Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) que el auto en el que decretó la libertad de los corsarios no impedía su traslado al país africano.

Crónica urgente de nuestro corresponsal en África Oriental.

El bar en el que me he citado con un miembro de la tripulación del "Marqués de la Ensenada" se llama Tarzán Matatu (Casa Manolo, en Swahili) y esta situado en la caótica e inmensa zona portuaria de Mombasa. Mientras espero, disfruto de un bistec de búfalo macerado acompañado de una cerveza local, llamada Senator en honor del (ahora) presidente Obama, cuyos ancestros al parecer son de un barrio de por aquí. Hace un calor pegajoso y unas moscardas del tamaño y voracidad similar a los de un buitre no paran de dar vueltas sobre mi cabeza. Por otra parte, estoy en Kenya pero quitando el detalle de que todos los tíos que hay a mi alrededor son negros, el local es igualito a un bar de carretera que hay justo antes de llegar a Albacete.

Finalmente veo entrar a un tío chaparro vestido de blanco, el cual tras mirar a su alrededor, se dirige con decisión hacía la mesa donde me encuentro . Tras las presentaciones de rigor y pedirse un copazo, damos comienzo a la entrevista.

Sargento Palomeque ¿nos podría contar brevemente como fue la captura de los corsarios? ¿al alba con fuerte viento de levante? ¿quizás al atardecer y soplando una leve brisa meona?
Pues verá Vd, parece ser que el marinero Franklin José, un tío pequeñajo de Cochabamba pero con un par de cojones como melones de Villaconejos y al que llaman el Chuck Norris, se encontraba en la cubierta de proa haciendo la colada de su ropa interior cuando vio una chalupa con 12 ó 13 tíos apelotonados dentro que le llamó la atención. Tenga Vd. en cuenta que por aquí todo el mundo anda en barco de un lado para otro, así que no resulta nada fácil discernir quien es un pirata o un pescador de atunes.

¿Qué detalles fueron los que les delataron?
Como le iba diciendo el marinero Francklin les observó a través de los prismáticos y le dijo al Teniente de Guardia que uno de los fulanos de la embarcación era tuerto y llevaba un parche en el ojo, otro tenía una pata de palo y un tercero se tapaba la cabezota con un pañuelo de lunares además de llevar un loro en el hombro... ¡ah! y todos llevaban un sable entre los diente. Así que se formó zafarrancho de combate: antes de que se dieran cuenta les habíamos metido el antiaéreo de 30 mm delante de las narices y se cagaron patas abajo.

Dicho así parece fácil.
¿Fácil? oiga amigo, Vds. los civiles ven en la tele a unos negros escuchimizados con cara de muertos de hambre y camisetas del Barsa y se creen que son unas hippies, pero a estos tíos asilvestrados les importa una mierda todo y llevaban artillería suficiente para hundir el Titanic.

Bueno, y entonces empezaron los problemas jurídico-legales.
Efectivamente, el juez y el fiscal empezaron a darse patadas... en nuestros culos. Y el capitán jurando en arameo y elucubrando con la idea de encargarle a un primo que tiene al mando de un destructor, que surcara el Manzanares aguas arriba y dejara la Audiencia Nacional hecha un solar

¿No recibieron ninguna indicación por parte del Ministerio de Defensa?
El capitán nos contó que había recibido un SMS de la Ministra diciéndole que estaba a la espera de que la Cadena Ser o La Cuatro le hicieran un hueco para dar una rueda de prensa. Según me ha contado un cuñado oficinista que tengo en el Ministerio, lo que ocurría también era que la Señora Chacón estaba empeñada en ofrecer el comunicado en la cubierta de un portaaviones y rodeada de generales y almirantes. El problema es que los actuales uniformes son muy sosos y no dan bien en la televisión, así que estaban pendientes de que Zerolo diseñara unos nuevos. La idea es que se parezcan a los de las guerras napoleónicas, ya sabe, con muchos colorines, charreteras doradas, penachos de plumas y cosas así.

Háblenos ahora de las relaciones humanas establecidas entre tripulación y piratosos.
No quiero engañarle; faltó un pelo para que se produjera un motín. El primer problema fue el de la comida. Resulta que el cocinero se negó a preparar menús distintos para los negros y como estos no pueden comer haluffo, ¡hala! fuera el chorizo y la morcilla de las lentejas. Luego los tíos, aprovechándose de nuestro desconocimiento de las costumbres locales, empezaron a tomarnos el pelo. Uno decía que practicaba un islamismo rigorista que sólo le permite comer langostinos, otro decía que el Corán que se usa en su pueblo tiene una disposición adicional que exceptúa el jamón serrano de la prohibición cerduna y le obliga a tomarlo cinco veces al día... y así todos. Luego, como según el Sr. Juez estaban en libertad, no se les podía obligar a nada. Así que se pasaban el día tumbados en las hamacas de la cubierta de estribor, como un montón de jubilados del Inserso en un crucero, a la sombrita y tomando cerveza bien fresquita; soltando risitas, haciendo comentarios sarcàsticos y lanzando las cabezas chupadas de los langostinos mientras la marinería sudaba la gota gorda fregando y sacando brillo a...

¡Oiga!, un momento... ¿bebiendo cervezas? ¿El Islam no prohibe tomar alcohol?
Pues será el de la mierda de cerveza keniata que se está Vd. tomando... la Mahou se la tragaban como sí fuera agua. Como le iba diciendo la cosa se fue calentando hasta el día en que la radiotelegrafista Carmela y la subteniente Cañete (que, dicho sea con todos los respetos, no son Elsa Pataki precisamente) se pusieron a practicar sus habituales ejercicios físicos. Le aseguro que no se trataba de aerobic, ni danza del vientre, ni nada de eso, sino de levantar pesas, con dos cojones, y que ambas llevaban unos chandals de lo mas púdicos. Pero, claro, estos tíos la única carne que han visto en su vida son trozos de cordero en un plato acompañados de cuscus. Tendría que Vd. que verlos pegar brincos y aullar como coyotes a la luz de la luna. Tuvimos que recurrir a los gases lacrimógenos y las mangueras de agua a presión para hacerles volver a un estado semiracional. Se habló de pasarlos por la quilla.

Hablando de sexo... ¿hace un par de años no se armó un buen escándalo por el rodaje de una película pornográfica en el Marqués de la Ensenada? Si no recuerdo mal se llegó a colgarla en youtube y los responsables fueron expulsados del ejército.
Cierto. El guión cojeaba un poco, pero tenía unos encuadres magníficos y un travelling final que ponía los pelos de punta. Los de los espectadores, quiero decir. Por cierto, es una pena que el rodaje no se hubiera llevado acabo estos días atrás; ¿ha visto Vd alguna película de Nacho Vidal?

No, aunque he oído decir que tiene un enorme talento.
¿Talento?... pues tendría Vd. que ver a esos negros. A su lado, el Vidal ese... ¡un eunuco!

Interrumpimos en este momento la entrevista. Parece que el búfalo no estaba suficientemente macerado y ha vuelto a la vida en el interior de mis tripas. Corro raudo al fondo del local, a la derecha.

Mombasa, 17 de mayo de 2009

viernes, 15 de mayo de 2009

De Providencias y Autos

La Audiencia Nacional acaba de absolver a la mayoría de los acusados de integrar una célula islámica que,  supuestamente, había ayudado a huir a algunos de los autores del 11-M. Al parecer esto ha sido así, en gran medida,  por la declaración de nulidad de las intervenciones judiciales de los correos electrónicos de los acusados acordadas durante la investigación, dado que las mismas se autorizaron ¡pásmense queridos funcioneros de Instrucción! mediante una escuálida providencia y no mediante un auto razonado. ¡Joder con los Sres. Jueces Centrales de Instrucción!

Pues bien queridos lectores, tras una ardua labor de investigación, hemos conseguido obtener el original de dicha resolución y que seguidamente les ofrecemos en rigurosa primicia:

domingo, 10 de mayo de 2009

Publiciteando

Un profesor de un instituto de la californiana ciudad de San Diego llamado Rancho Bernardo (la High School, no el profesor), ha decidido incluir publicidad en las hojas de exámenes que entrega a sus alumnos y así compensar el recorte del presupuesto que tiene asignado para gastos de material, fotocopias, etc.

¡Eureka! ¿No podría hacerse algo similar en la Administración de Justicia? Imaginemos que en cada comunicación que remiten los distintos órganos judiciales a los particulares se incluyera un discreto mensaje publicitario ¿no permitirían los ingresos así generados financiar de una puñetera vez los planes de modernización?

Bueno, es obvio que esta idea puede provocar sarpullidos en algunos, ya saben, la publicidad simboliza de alguna manera la pérdida de la pureza, venderse al consumismo desenfrenado o carecer de autenticidad. Pero seamos realista. Uno puede pasarse cuatro horas como un becerro delante de la televisión y es bastante probable que lo único interesante que aparezca en la pantalla, aparte de la apasionante lucha de guionistas y programadores por no caer en las garras de la inteligencia, sean un par de anuncios inspirados directamente en poesía haiku japonesa, la filosofía tibetana o el cine expresionista alemán de entreguerras. Arte con mayúsculas, oiga. Además, mucho "The times they are a-changin´"... para acabar sirviendo de sintonía a un anuncio de coches (¿o era de lavadoras?). ¡Fuera tabúes!

Por otro lado ¿alguien ha dicho que la publicidad está ausente de las Administraciones Públicas?. Fíjense en el Gobierno. ¿Qué sector ha sido el más beneficiado por el "plan E"? Pues los fabricantes e instaladores de vallas publicitarias sin duda. Por no hablar de los ejecutivos autonómicos, que tienen barra libre en este aspecto.

Incluso estaríamos en condiciones de ofrecer a los anunciantes un alto grado de eficacia publicitera, eligiendo para cada producto a los sectores sociales potencialmente interesados. Así la publicidad del "Taller de Chapa y Pintura Don Abollón" se insertaría en las comunicaciones dirigidas exclusivamente a perjudicados en accidente de tráfico, actos vandálicos en los vehículos aparcados junto a los bares tras un transcendental partido de fútbol y cosas así. ¿A los solicitantes de expedientes de matrimonio?, pues las ofertas de empresas dedicadas a organizar esos eventos en los que ellas se colocan graciosos sombreritos en forma de colorido falo (con su escroto y todo) y un tío macizo se dejan tocar el culo o, en el caso de ellos, una señorita de buen ver se despelota artísticamente, al tiempo que todo el mundo se pone cocido. En lo que se refiere a los separados y divorciados, seguro que las empresas de contactos personales y agencias matrimoniales estarían sumamente interesadas en hacerles llegar sus propuestas (el hombre es el único animal, junto con alguna especie de mandril, que tropieza con la misma piedra). Y así todo.

Superados los recelos iniciales incluso se podrían amenizar las largas esperas ante las salas de vistas, organizando reuniones tupperwear o ventas de multipropiedadad. Las empresas dedicadas a estas actividades tendrían la ventaja de ahorrarse los regalos (aunque suelen ser unas auténticas mierdas, no dejan de suponer un gasto) que a modo de zanahoria ofrecen para atraer a los incautos; además los clientes en este caso no podrían escaparse por las ventanas ¡están citados por la Autoridad judicial!

domingo, 3 de mayo de 2009

Pompis (politicamente incorrecto)

Ni Bailén ni Los Arapiles ni gaitas... la subida de la escalinata del palacio de la Zarzuela sí que ha sido una batalla franco-española como Dios manda. Y para que vamos a engañarnos, nos podemos distraer con escaramuzas de Varela contra Dior, los peinados o la longitud de los tacones, pero aquí lo definitivo han sido las retaguardías ascendiendo en singular sincronía.

En esta redacción tras analizar en profundidad las magnitudes en juego, ya sea el volumen, posición, arco de circunferencia descrito en el bamboleo inherente a la acción de ascenso, ángulo respecto a la columna vertebral y cosas así, otorgamos un salomónico empate. 

Por otro lado ¿alguien nos puede decir quien era ese señor bajito de aspecto mesetario que acompañaba a todas partes a la Sra. Presidenta de la República Francesa?  Haber sí resulta que  al final los Ozores, Landas, Vázquez, Pajares, Estesos y demás insignes autores de cierto cine setentero patrio eran unos visionarios y tenían razón: Qué a las señoras estupendas, sobre todo sí son extranjeras, lo que les motiva son los machotes tribales y peludos. 

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