Días atrás la rutina del trabajo en diversos Juzgados de los de esta capital, se vio interrumpida por la llegada de un repartidor de una empresa de mensajería que depositó unas enormes cajas. Se arremolinaron, como niños alrededor de una tarta de cumpleaños, los funcioneros preguntándose que contendría aquel misterioso envoltorio: ¿un botijo para cada sección?... ¿la discografía completa y autobiografía del Ministro ye-ye?... ¿un minibar?... “es una impresora”, comentó alguien con displicencia, lo que provocó que todo el mundo perdiera el interés.
Pero uno de nuestros redactores, fiel seguidor del periodismo de investigación, observó con detenimiento el cajón. “Que impresora ni que leches, es un pedazo de ESCANER más grande que mi nevera no-frost” (en este uso de la hipérbole se dejó notar la influencia en el Juzgado de una compañera andaluza, recientemente incorporada).
Esto provocó un animado debate: “¿y quien se va a ocupar del escaneo?”, “¿Dice algo el reglamento al respecto?”, “¿Alguien me puede explicar que coño es un escáner?"... "¿y para que sirve?”...
LEXNET, ¡la divinidad que devora a sus propios hijos! ¡el quinto jinete del Apocalipsis!, se cierne sobre nuestras cabezas.