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sábado, 8 de agosto de 2009

Final de vacaciones.


El funcionario está triste... ¿Qué tendrá el funcionario?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido la dicha.
El funcionario está tostado en su escritorio de oro,
está mudo el teclado de su ordenador sonoro,
y en un grasiento papel, apenas mordisqueado, un bocata de salchicha.

¿Piensa, acaso, en aquellas autóctonas mozas playeras
o en la rotunda vikinga de insinuantes caderas
y ojos con dulzura de luz?
¿O en la reina del chiringuito de cerveza espumeante,
o en la que era monarca del diminuto bikini estallante,
o en la dueña orgullosa del trasero trolebús?

Ya no quiere moscosos, ni trienios de plata,
ni derechos pasivos, ni expediente escarlata,
ni jefatura de servicio en destino placentero.
Y está mohino el material de oficina por el chupatintas tristorro,
las grapadoras silentes, el botijo con su pitorro,
los entintados sellos y el mordisqueado lapicero.

Mesa tipo, esperando el regreso del funcionario vacacionero.
(¡Sufrid, mamones que continuáis de vacaciones!)

miércoles, 24 de septiembre de 2008

EL EMBARGO


En esta Gaceta estamos empeñados en demostrar a la sociedad que los Funcionarios de Justicia son unos seres sensibles, con inquietudes culturales y llenos de vitalidad. No un montón de pelotillas, vagos, acomodaticios y mostrencos, que se escabullen detrás de los archivadores a zamparse un bocata de sardinas en escabeche; siempre buscando fórmulas para vivir de la cosa pública sin, nunca mejor dicho, poner un sello.

Aunque hemos de admitir que conocemos alguna criatura funcionarial que al agitarla, caen bellotas o sujetos como el Sr. Petit, al que queremos, pero cuyas sinapsis neuronales hace tiempo que solo reaccionan al estímulo de la palabra sexo o ante la presencia de una buena pechuga.

Así que hemos decidido dedicar el presente número al noble arte de la poesía. Pero ya que pertenecemos al ámbito judicial, hemos encontrado un poema muy apropiado. Su título: “El embargo”.

Su autor es José Mª Gabriel y Galán (1870-1905) y quizás le suene a más de uno de nuestros cultivados lectores, ya que en la provincia de Cáceres hay un pantano así de gordo que lleva su nombre, o por estos versos

No hay bajo el cielo divino
del campo salamanquino,
moza como Ana María,
ni más alegre alquería
que Carrascal del Camino.



Este buen señor era maestro de escuela, es decir funcionario, y alcanzó el sueño de cualquier empleado público: pegó un pelotazo casándose con una señorita de buena familia y mandó al infierno el magisterio. La dama en cuestión se llamaba Desideria. No nos negarán que es un nombre muy apropiado para la enamorada de un poeta.

Liberado de las cadenas funcionariales (la vida de un maestro rural de la época ya sabemos que no era Jauja) se largó a vivir a la localidad Cacereña de Guijo de Granadilla, concretamente en una enorme finca de esas que había (y hay) en Extremadura, propiedad de la familia de su esposa. Por cierto ¿nuestro querido Ministro no suele ir a matar bichos por esa zona?

Pues bien, a nuestro poeta (Gabriel y Galán, no el Ministro) parece que le gustó tanto la vida campestre que escribió empleando la lengua vernácula de la zona (el Castúo). una serie de poemas, reunidos bajo el nombre de “Extremeñas”. Dentro de estas encontramos la que aludíamos al comienzo y que, a pesar de su nombre, es un poema de amor.

EL EMBARGO (1902)

Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos.
No le dé a usté ansia
no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está jediendo.
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni ese cacho e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una noche muerto!...
Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo.
Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!...

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