De todos modos, si el progenitor hubiera sido otorrinolaringólogo, tampoco cabría. En consecuencia el primigenio burócrata hubiera consignado de profesión oto (como un amigo alemán que tenemos) u otorrino (como el bicho ese de las antípodas que da de mamar a sus crías, pero pone huevos). Hablando de huevos... ¿y en el caso de inscribirse el retoño de de un sexador de pollos? pues de profesión... su pollo ¿no?
lunes, 5 de marzo de 2012
Anecdotario judicial: De profesión...
De todos modos, si el progenitor hubiera sido otorrinolaringólogo, tampoco cabría. En consecuencia el primigenio burócrata hubiera consignado de profesión oto (como un amigo alemán que tenemos) u otorrino (como el bicho ese de las antípodas que da de mamar a sus crías, pero pone huevos). Hablando de huevos... ¿y en el caso de inscribirse el retoño de de un sexador de pollos? pues de profesión... su pollo ¿no?
martes, 9 de noviembre de 2010
Público, el diario que sale los miércoles.
... ¿son imaginaciones nuestras o el titular tiene segundas lecturas? ¡Ah! estos chicos de la izquierda exquisita...
domingo, 6 de diciembre de 2009
Sucesos de antaño.
miércoles, 22 de julio de 2009
Historias del Funcionariado contadas por sus protagonistas. Capítulo V: "El Instrumento".
Debió ser a principios de la década de los sesenta y aquella mañana del mes de agosto me encontraba frotando una bola de miga de pan contra la inscripción de nacimiento del décimo hijo de la señora Ambrosia. Se me fue el oremus y en vez de anotarlo con el nombre de Eufrasio había escrito Eustáquio, así que inclinado sobre el Libro de Actas de Nacimientos intentaba corregir el desaguisado. Con mucho cuidado intentaba borrar la tinta sin hacer un agujero en el pliego cuando me sobresaltaron unos golpecitos contra la ventanilla. Con el Alguacil ausente, con la excusa de ir a la fuente de la plaza a llenar el botijo, el resto del personal de vacaciones y el Secretario en un amojonamiento, me encontraba sólo en aquel momento en el despacho, así que me acerqué al mostrador de la entrada y pude observar en el hueco la cara sudorosa y coloradota de una campesina.
–¡El señol jues!... ¿a dondi está el señol jues.?.. Si entoavia está vivo es por que no tienin el instrumento... ¡tengo que ver al señol jues!...
¡Jolines! aquella moza debía de ser de una de esa paupérrimas aldeas de Las Hurdes, así que podía estar hablando una hora sin que yo me enterara de nada. Como sí parloteara en chino. Entre sollozos continúo un rato soltando palabrejas incomprensibles
Afortunadamente en aquel momento regresó el alguacil, más conocido en el municipìo como "el Torrijas", de llenar el botijo en el pilón (y de vaciar una frasca de tintorro en la tasca del señor Benito, a juzgar por su aspecto y el mondadientes que llevaba en la boca). Siendo natural de allí, él podría entender aquella jerigonza.
-¡Rediez!, zagala, ¿Para que quieres ver al Sr. juez?
Entre sollozos y con aspecto de poder darle un patatús en cualquier momento volvió a soltar un discurso, del cual sólo entendí en varias ocasiones la palabra instrumento.
-Pues aquí la moza, que dice que el Sr. Juez de Paz de Pinofranqueado ha condenado a su marido a la pena capital y que están esperando a que les manden de la Dirección General el instrumento para darle matarile. Dice también que aunque no sabe leer ni escribir en el zurrón lleva un papelote donde lo dice. Que sí lo quiere Vd. ver.
En un principio pensé que aquello debía ser un bromazo de los quintos, pero estos eran más dados a bromas... ¿cómo les diría?... menos sutiles: meterle al tonto del pueblo un cohete sobrante de las fiestas por el culo y encender la mecha, emborrachar a un buey, dar de beber al novio durante el convite de una boda una porrón lleno de meados de burra... y cosillas por el estilo. Sí esto era una guasa, me pareció demasiado elaborada para sus seseras. Me fui pitando al despacho del juez.
He de confesarles que en un principio aquel juez me pareció un tipo raro, como mínimo peculiar. Yo asociaba la lectura de tebeos a la infancia, así que me dejó amoscado ver a un señor magistrado leyendo historietas gráficas cuando no había trabajo. Un día que entré en su despacho, eché un vistazo a aquellas revistas y libros que tenía sobre su mesa. Resultó que no se trataba del Guerrero del Antifaz o Roberto Alcázar y Pedrín, sino de un tío que se llamaba Flash que viajaba de la luna a Venus, y de allí a Marte, con la misma facilidad que yo iba a Cáceres, detectives con gabardina que se pasaban el día tomando whiskeys y dando tortazos a rubias frescachonas o un fulano enmascarado con una calavera en el cinto, al que si le veías la cara, la diñabas.
"Este ha acompañado hoy al alguacil a llenar el botijo"... decía la mirada de S.Sª cuando acabé de relatarle lo sucedido, pero tras entregarle el folio de la sentencia y quedarse unos minutos con el aspecto de un besugo al horno, pegó un brinco de su silla
-Rápido, provease lo necesario para que se persone aquí de inmediato el Juez de Pinofranqueado.
-¡Pues claro que sí, majete! -me dijo alegremente el cabo, al tiempo que se retorcía las puntas de sus kilométricos mostachos. Volviéndose hacía un guardia que sesteaba en un rincón de la habitación pegó un buen bocinazo- Oye, Bermúdez, ¿El Juez de Paz de Pinofranqueado no es el Agamenón?
-Mismamente, mi cabo, -respondió el número -el dueño de la tienda de ultramarinos.
-Pues cagando leches agarráis tú y Manzaneque el dos caballos y lo traéis de la oreja. Que le quiere ver el Sr. Juez de Instrucción.
No sé si debí decirles que no hacía falta que le pusieran los grilletes.
Un par de horas después llegó el Juez de Paz, sofocado y sorprendido de la premura con que le había llamado el Juez de Instrucción de Hervás, su superior natural. Le hice pasar el despacho, donde aquel, la señora del penado y el Secretario (ya regresado del amojone) esperaban impacientes y expectantes su llegada. Discretamente me queda de pie junto a la puerta. ¡Aquello no me lo quería perder!
-Don Agamenón... ¿me puede decir Vd. que significa esto? -le dijo el instructor mostrándole la sentencia
-Pues... lo que dice el papel, D. Salvador, el Indalecio ha sido juzgado y condenado conforme a las previsiones de la Ley y se ha comunicado la sentencia al Ministerio, que por cierto, ya nos ha mandado el instrumento por conducto ordinario. En cuanto al Verdugo, parece que llega mañana en el coche de línea. Además el Indalecio es un canalla, un delincuente y...
-¡Pero hombre de Dios! ¿No sabe Vd. que por una falta sólo se puede condenar con multa o unos días de arresto domiciliario? ¿No se ha leído Vd. el Código Penal? ¡A ver!, dígame lo que ha hecho ese hombre. -preguntó el Juez
-Mire, Don Salvador, yo de Códigos no sé mucho, pero es que el Indalecio metió sus cabras a triscar en la finca del Sr. Alcalde, y no hará falta que le recuerde que es también el Jefe Local del Movimiento, y la han dejando como un erial. Hasta el huerto de berzas...
-¡Berzas! -le interrumpió el Magistrado- Pues en recurso de apelación, debo revocar y revoco en este acto la sentencia dictada por Vd. y condeno a Indalecio Perea Salmón a que pague una multa de siete pesetas y que indemnice al Sr. Alcalde con cinco duros. Ya puede estar Vd. devolviendo el Garrote Vil al Ministerio por el mismo conducto de su recibo y dando aviso para que el ejecutor se vuelva a su casa ¿Me ha entendido?
Levantando la vista hacía mí, continuó diciendo
-Y a partir de hoy, cuando un vecino solicite que quiere verme... ¡lo hacen pasar de inmediato a mí despacho!... por lo que pueda pasar.
NOTA DE LA REDACCIÓN.- El suceso como tal (en el que nos hemos permitido las oportunas licencias) parece ser que es real y en su libro "El Circo de la Justicia" Josep María Loperena se la atribuye al Magistrado Salvador Vázquez de Parga, fallecido hace unos meses. Nombre, este último, conocido por todo buen aficionado a los comics y la novela negra. No en vano ha sido uno de los grandes teóricos del tebeo e historiador de la cultura popular en España.
viernes, 19 de diciembre de 2008
LA OLLA
jueves, 4 de diciembre de 2008
ANECDOTARIO JUDICIAL: SOBRE ALGUNOS PATRONÍMICOS.
Por otro lado, es inevitable en más de una ocasión no dejar de sorprenderse con los nombres propios que ostentan muchos paisanos latinoamericanos. No obstante uno puede entender aquellos que, como Washington o Lincoln, encarnan una serie de valores positivos: libertad, emancipación, etc. Incluso aquellos otros patronímicos que, inevitablemente, asociamos a telenovelas cursilonas o a adaptaciones más o menos conseguidas de nombres anglosajones. La televisión y el Imperio tienen una influencia formidable. (Por supuesto en España no hemos sido ajenos a este fenómeno)
Pues bien, todo este rollo nos sirve de introducción para contar un chascarrillo al respecto.
Comparece un natural de un país hermano del otro lado del Atlántico en el Juzgado de Guardia para realizar una presentación quincenal. El funcionario que atiende la ventanilla sin levantar la vista del ordenador le pide con gesto rutinario el NIE. Se pone a tecletear los datos que constan en el mismo: "Veamos, apellidos"... digamos que unos de rancio abolengo castellano de uso común. "Nombre"... ¡HITLER!... sobresaltado levanta la vista y, afortunadamente, el fulano no luce flequillo ni un característico bigotito. De hecho no tiene ninguna pinta teutónica. Más bien es bajito y con una simpática cara coloradota. Se acaba de tranquilizar del todo cuando comprueba con alivio que el Sr. Hitler firma por unas Diligencias Previas que se siguen, por ejemplo, en un Juzgado de Albacete y no en el Tribunal de Nuremberg. O en el Central de Garzón, ya puestos.
Y nos preguntamos ¿Qué narices puede llevar a unos padres, allá en el Altiplano, a imponer ese nombre a su hijo? La única explicación que se nos ocurres (aunque nos cueste) es la ignorancia respecto a lo que representa. Quizás lo oyeron en alguna parte y les sonó bien.
Aunque sí de lo que se trata es de ser original, no deja de ser una buena idea. Yo a mi próximo hijo, si es niño, le llamaré Belcebú, Pilatos o Judas. ¿Y si es niña?... ¡pues como su madre!
martes, 18 de noviembre de 2008
ANECDOTARIO JUDICIAL: BURREANDO
Actúa como testigo la esposa del denunciado. La señora tiene desparpajo y no se muestra nada cohibida. Niega categóricamente los insultos, añadiendo de propina que el denunciante es un borrachuzo con mala fama en el pueblo, alude igualmente a otras denuncias anteriores y “… además es mentira que le tiráramos un cantazo a la cabeza“. La señora ha cogido carrerilla y ya no hay que la pare “… y en la romería estaba borracho perdido porqué se había bebido todo el vino del Santo” (en esta cuestión, insiste varias veces). El Juzgador intenta cortarla, pero está lanzada y aún le da tiempo, y esto es lo bueno, a sentenciar “…y hace unos días le pillaron en el pueblo follándose a una burra!” ¡zambomba! De forma similar a cuando en un concierto sinfónico el señor de los platillos pega un buen golpe con sus instrumentos, esta frase tuvo la virtud de desperezar a todo el mundo. Hasta el veterano Auxiliar Judicial que dormitaba en el fondo de la Sala, acostumbrado a oir todo tipo de barbaridades, se enderezó de repente pegando un brinco. Lamentablemente para el espectáculo, ahora sí, y de forma rotunda, el tribunal consiguió acallar a la indiscreta. En fin, nos quedamos sin saber más detalles del asunto, tales como si el fogoso paisano tuvo que utilizar un taburete o, quizás, una escalera de mano, dependiendo de la alzada.
Ahora una cuestión de índole procesal. ¿No debió el Tribunal deducir un testimonio de lo allí manifestado sobre la supuesta coyunda? ¿No sería apropiado hacer el oportuno ofrecimiento de acciones al propietario de la burra? O mejor aun, a la propia burra. ¡Algo tendrá que decir al respecto! Si hubo consentimiento… o algo así.
Y para acabar ¿pero es que sigue habiendo pollinos en los pueblos? Creíamos que se habían extinguido, como los dinosaurios.
martes, 28 de octubre de 2008
PENSIONAZO: P.S.C.
Intrigada, nuestra Juez protagonista decidió finalmente preguntar a un Oficial veterano, de aquellos que manejaban los vetustos juzgados como auténticos Emperadores Mogoles, a que se refería el dichoso P.S.C. Tranquilamente, con mas conchas que un galápago y sin cortarse un pelo, le respondió: “Pues mire Vd., Señoria, P.S.C. significa POR SI CUELA”.
Y esto mismo es lo que debe haber pensado el Sr. Solbes sobre el PENSIONAZO. Total, ¿convocar el Pacto de Toledo? ¿negociación?... ¡Uff!, que pereza. Mejor el recorte pensionero se camufla entre la hojarasca presupuestaria… ¡¡POR SI CUELA!!
miércoles, 17 de septiembre de 2008
ANECDOTARIO

Transcribimos a continuación unas anécdotas recogidas por el escritor y periodista Luis Carandell en su delicioso libro CELTIBERIA SHOW (Maeva Ediciones – 1970) y su secuela CELTIBERIA SHOW BIS, muy recomendables para conocer de forma amena como era aquella España en la que convivían (o mejor dicho, chocaban como dos locomotoras) el bikini y el refajo.
EN EL REGISTRO CIVIL
Atendía un funcionario en la ventanilla de un Registro Civil de Madrid cuando se presentó un hombre muy pálido, de aspecto triste, quien, con ese temor respetuoso que impone la administración pública, le dijo al funcionario: “Perdone, es que quería inscribir a un niño.” El funcionario con gesto rutinario, cogió una hoja de inscripción y preguntó disponiéndose a escribir “¿Nombre del Padre?” “¡Ah, perdón –contestó el súbdito santiguándose-; en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”
LENTITUD BUROCRÁTICA
Desde el “¡Vuelva usted Mañana!” de Larra ha sido proverbial la fama de lentitud de la Administración Española. Sin embargo, la anécdota sobre el Fernando el Católico, tomada a su vez de la obra clásica “Floresta española de Apogtemas” de Melchor de Santa Cruz, nos lleva a pensar a que la cosa viene de antiguo.
Un soldado llegó a donde estaba el Rey Católico a pedirle una merced de cosa que no era razón otorgársela. El Rey le respondió: “No se puede hacer.” El soldado le besó las manos, mostrando por palabras agradecérselo. Preguntado por los que allí estaban, pues le negaba lo que pedía, por qué le besaba las manos agradeciéndoselo, respondió el soldado: “Porque me despachó presto”.
viernes, 6 de junio de 2008
JUSTICIA NEWS ÁVILA 06/06/08

El ministro considera que 'el 60 por ciento de los españoles no tiene opinión' sobre la Justicia porque 'nunca ha comparecido ni ha tenido un problema'
Preguntado sobre la falta de confianza de los ciudadanos en la Administración de Justicia, el ministro consideró que 'el 60 por ciento de los españoles no tiene opinión' sobre la materia porque 'nunca ha comparecido ni ha tenido un problema dentro de la Justicia'. Por ello, cree que 'hay una opinión', que es la proyectada por los medios de comunicación.
Toma ya lógica Pitagórica. Gracias, D. Mariano por sacarnos del error de pensar que, precisamente, una de las virtudes y funciones de la Prensa es esa: contribuir a la formación de una opinión pública libre y democrática.
Vamos a ver si lo he entendido bien. Yo llevo varias semanas que no duermo pensando, por ejemplo, en la problemática de la pesca de la anchoa. Sin embargo mi preocupación viene dada por las noticias que han reflejado los distintos medios de comunicación sobre la escasez de los susodichos bichos, la sobrepesca, etc. Entonces ¿Qué pasa conmigo? ¿estoy inhabilitado para opinar del asunto?. Para poder hacerlo ¿debo llamar inmediatamente a la Cofradía de Pescadores de Santurce y pedirles que me dejen embarcar en algún pesquero un par de meses?
De la misma forma, a toda esa panda de hippies que se manifiestan contra el sano y lúdico deporte de la caza, habría que cerrarles las bocazas. Seguro que nunca han sentido el indescriptible placer que se siente al volarle la cabeza a un fiero cérvido. Con seguridad sus débiles mentes habrán sido deformadas por la nefasta influencia de cierta prensa, o peor aun, por la lectura de libros.
Y sobre todo, D. Mariano, no se a que espera Vd. para modificar la Ley Electoral. Que sólo puedan votar aquellos que acrediten fehacientemente haber asistido a mítines (a poder ser de los suyos) durante la campaña electoral. La opinión de toda esa masa de borregos que deciden sus opciones informándose a través de los medios de comunicación, sin duda no merecen ser tenidas en cuenta.

Han vuelto las pesadillas, la melancolía, esa angustiosa opresión en el pecho. Vera Vd., nací en los primeros años sesenta en una familia de clase media y recuerdo una infancia feliz. Sin embargo un luctuoso hecho nos marcó a toda una generación… ¿Qué dice Vd. de Kennedy y Hendrix?... no, mire, me refiero a la muerte de la mama de Bambi. Años de terapia intensiva, autohipnosis y manguerazos de agua helada fueron necesarios para superar aquel trauma. Y de repente, años después, la visión de una fotografía ha hecho que todo se derrumbe. Me despierto por las noches empapado en sudor. Ayer me mee en la cama y mi señora amenaza con un divorcio express. Ya sé que el electroshock no se estila, pero lo necesito. Esta mañana me introduje dos cables pelados en la nariz, pero sólo conseguí que explotara la nevera. ¡Necesito ayuda señor doctor!
ANECDOTARIO JUDICIAL (Y 2)
Parece que la nueva sección ha gustado a nuestros amables lectores y ya estamos recibiendo confidencias y chismorreos de todo tipo. Lo que vamos a contar, más que una anécdota graciosilla, es un buen ejemplo de las penurias de los Juzgados y Tribunales en el desempeño de su labor cotidiana, así como la absurda situación que supone la existencia de disposiciones legales imposibles de cumplir debido a la desidia e inoperancia, en este caso, del Ministerio de Justicia.
¡LUCES… CÁMARAS… ACCIÓN!
Suponemos que, como nos pasaba en el colegio con los libros de texto, al estar estas disposiciones al final de la Ley, pues no se “dan”. ¿Alguien recuerda, ocho años después, que en la Disposición Final Decimoctava se dice que “En el plazo de un año el Gobierno remitirá a las Cortes Generales un proyecto de Ley sobre Jurisdicción Voluntaria”?
domingo, 1 de junio de 2008
ANECDOTARIO JUDICIAL

No obstante en algunas ocasiones salta la chispa y se producen situaciones hilarantes. Seguidamente les ofrecemos un par de ejemplos de ello ocurridos en los Juzgados de Ávila. Ambos verídicos, doy fe.
Audiencia Previa en juicio civil ordinario. Se trata de un pleito entre promotoras y constructoras en el que se juega mucha, pero que mucha pasta. Abundantes Letrados, Procuradores y público. Uno de los Letrados, de edad avanzado y aspecto circunspecto, se encuentra proponiendo su prueba y en un momento dado manifiesta que desea sean citados judicialmente un par de testigos (subcontratistas que realizaron la fontanería e instalación eléctrica), pero que, ignora sus nombres y domicilios; que sólo conoce la localidad donde viven. La magistrada le dice que exponga los datos de que dispone y ya se verá si es posible su citación.
El Letrado sigue disculpándose y, evidentemente azorado, pide excusas al Tribunal y manifiesta que el fontanero de marras es del pueblo “x” y que se llama “EL CULÓN”. Aparece una ligera sonrisa en todos los rostros y el Letrado, a estas alturas algo colorado, sigue pidiendo excusas y dice que el segundo testigo es electricista, del mismo pueblo que el anterior, “…que responde al nombre, con perdón, de EL CHOCHO”. Aquí la carcajada entre los presentes es ya general y bastante estentórea.
La papeleta se la encuentra al día siguiente el funcionario encargado del correo al recibir ambas cédulas de citación. ¿Cómo las mando? Decide tirar por la calle de en medio y pone en los sobres: “Al vecino de la Localidad conocido como “El Culón” y en el otro caso “…como el Chocho”. Ambas citaciones llegaron a su destino. Un aplauso por los Carteros de puebloEL JABALÍ FANTASMA
Juicio sobre un accidente de tráfico ocurrido por el choque contra, supuestamente, un jabalí. Un pasajero del vehículo siniestrado, en calidad de testigo, es interrogado por el Letrado que representa al Coto de Caza que figura como parte demandada. Como el accidente fue de noche y no apareció el cadáver del bicho, todo su empeño es que no se puede acreditar que el accidente lo produjera un jabalí y, por tanto, el coto se encuentra exento de responsabilidad. Así que le pregunta al testigo una y otra vez en tal sentido: Que cómo sabe que era un jabalí; que si es posible que fuera una vaca o un perro grandote; que si lo buscaron, etc. El testigo dice, una y otra vez, que vieron las huellas y rastros de sangre, pelos de jabalí en el paragolpes del coche, que aunque buscaron en los alrededores no lo vieron, pero podían oírle moverse entre la maleza, oyendo sus gruñidos, etc. El letrado sigue insistiendo machaconamente sobre lo mismo, y el testigo, un chico joven de un pueblo de la zona y al que suponemos familiarizado con la fauna cinegética, parece que se harta del asunto y colocando de una forma peculiar los dedos sobre su boca y nariz dice: “sé que era cochino porque sonaba así…GROINGGGG…” un espeluznante gruñido cerduno retumbó en toda la Sala de Vistas. Las carcajadas se apoderaron de todos los presentes al tiempo que la Magistrado, conteniendo a duras penas la risa, le pide al testigo que se siente, dándoles las gracias por ser tan explícito. El letrado se queda con cara… ¿cómo decirlo?... ¿de tonto?


