viernes, 25 de julio de 2008

RELATOS DE VERANO 2

EL EXPEDIENTE ETERNO

(CONTINUACIÓN)

Un Thriller por entregas que nos descubre el lado más lóbrego de la sociedad funcionera-judicial.
Héroes crepusculares, asesinos desalmados, expedientes disciplinarios, lagartonas sin escrúpulos...
¡... y mucho más!
Resumen de lo publicado: Galíndez, funcionario judicial y detective a tiempo parcial, investiga la desaparición de un antiguo pleito civil. En sus pesquisas interroga a un viejo funcionario jubilado, del que no saca nada en limpio salvo un dolor de cabeza, aunque sospecha de él y de un tramitador play boy de su propio Juzgado. La búsqueda de pistas le lleva al “Little´s”, un garito frecuentado por funcionarios judici)les fulleros, donde se incorpora a una reunión de capitostes, allí uno de ellos (concretamente una tía cañón del Decanato) le amenaza con darle de bajo definitivamente del escalafón. (Entrada publicada 17/07/08)

NOTA DE LA REDACCIÓN.- Ante el juego perverso al que se están dedicando los funcioneros de Justicia de Ávila, identificándose unos y otros con personajes que aparecen en este relato, diremos tal y como se suele decir en las películas, que CUALQUIER PARECIDO CON FUNCIONARIOS REALES ES PURA COINCIDENCIA (excepto el Sr. Petit, que a estas alturas todo el mundo sabe quien es).
Aunque, no obstante, siempre cabe la posibilidad que el subconsciente le haya jugado una mala pasado al autor.



********



Afortunadamente, en ese instante intervino Richochet, lo que me dio tiempo para reponerme de mi estupor.
—Tranquila Merche, que Galíndez es un funcionario legal. Y aquí todos somos unos profesionales de la cosa pública… ¿no?
—Rico… ¿por que no envías a la miembra a foliar un par de procedimientos? o mejor aún, a sacar brillo a los inodoros y así podremos hablar de cosas serias —dije con aplomo al tiempo que volvía la cabeza hacía el sindicalero.
Aquello fue Troya, o mejor dicho, como el anuncio de una inspección sorpresa del CGPJ.
—¡Machista de mierda, te voy a…! —Gritó Merceditas, al tiempo que se enderezaba en su asiento como con un resorte e introducía sus manos en un bolso TOUS con pinta de auténtico.
¡Aquel bolso debía ser el de Mary Poppyns! De allí salían paquetes de pañuelitos de papel, polveras, cerillas, juegos de llaves, un cepillo, un monedero, toallitas desmaquillantes, agendas, cajas de clips, un quitagrapas, tacos de Post it, tampones, un movil, varios preservativos, un paraguas… sin que ella consiguiera encontrar lo que frenéticamente buscaba y que, supongo, no sería su pintalabios precisamente. A todo esto, el gordito soltó una especie de carcajada que le hizo atragantarse con un sorbo de café y Calderón se echó precipitadamente hacía atrás para no interponerse en la posible trayectoria de tiro de la rubia, golpeando la mesa con las piernas y haciendo volar por los aires la cafetera, tazas, platos y demás menaje., que cayeron al suelo con estrépito.




—¡Se acabó el cachondeo!... ¡deja las manos quietas o te hago la raya en medio!… y tu, Galíndez, ¡cierra la bocaza si no quieres disfrutar los días de asuntos propios en el puto infierno! —gritó Ricochet.
Para resultar más convincente en sus argumentos sostenía en su mano derecha un reluciente Smith and Wesson, calibre folio prolongado. El oscuro agujero del cañón nos miraba alternativamente a la rubia y a mí.
La Gestora sacó lentamente las manos del bolso, sosteniendo en la izquierda un cigarrillo de boquilla dorada, que parsimoniosamente encendió con un encendedor de piel de cerdo y níquel. Luego se arrellanó en su sillón y, sin decir nada, se nos quedó mirando con cara de chiquilla enfurruñada a la que le hubieran quitado un chupa-chups.
Mientras un sudor frío recorría mi espalda y mis testículos se quedaban como los de un rottweiler, encogidos y bien pegaditos al culo, me hice mentalmente la promesa de evitar en los próximos días los pasillos oscuros y solitarios.
Sin dejar de vigilarnos, Ricochet depositó el arma en el lugar de donde lo había sacado. Un libraco hueco en cuya portada se podía leer Manual práctico para Delegados Sindicales del Sector Público en caso de conflicto colectivo. Autores: J. Lacuerda, M.V. Segarra y A. Capone, y en grandes letras rojas Usar sólo en caso de emergencia. Dejó el libro sin cerrar.




Luego se giró hacía mí. Volvía a lucir en su rostro su famosa y hueca sonrisa seduce-electores. Como la de Zapatero, pero sin cejas circunflejas.
—Galíndez… ¡me caes bien!... ¿Cuántos años llevas en la Administración Pública? ¿quince? ¿veinte? —No contesté y él continuó— . ¿Y qué has conseguido? Yo te lo diré. Seguir trabajando como un gilipollas por un sueldo de mierda y… ¡mírate!, te estás quedando calvo, llevas una camisa barata y tu coche es una chatarra. Tu mujer te dejó por un procurador… ¡un procurador, tío!... no se puede caer más bajo… ¿Cuánto sacas por husmear por las cerraduras de habitaciones de hoteluchos baratos?... Una miseria, seguro. Tu vida es una mierda tío.
Seguí escuchándole impertérrito, ajeno a las carcajadas de los otros dos fulanos y la sonrisa burlona de Merceditas.
—Fíjate en nosotros. Llevamos ropa de marca y podemos permitirnos el lujo de poner los pies sobre nuestras mesas y pasarnos tranquilamente la mañana leyendo la revista oficina y jardín o el Mundo Deportivo. O arrojarles los recursos a la cara a más de un Letrado diciéndole ¡te jodes, está fuera de plazo!, sin que nadie se atreva a decirnos ni mu. Eso es el Poder. Pero como ya te he dicho, me caes bien, así que en vez de ponerte unos zapatones de cemento y enviarte en comisión de servicios al fondo del pantano de Las Cogotas, tenemos una proposición que hacerte… —Mientras decía esto último arrojó unas hojas de papel sobre la mesa.
No necesité ver el membrete para darme cuenta de era papel de buena calidad, sin duda del Ministerio. Como mínimo de la Secretaria de Estado.



************



El noble y ancestral arte del escaqueo funcionarial tiene una normas muy precisas y entre ellas, está la de dejarse ver de vez en cuando por el espacio físico objeto del mismo. Dicho y hecho. Tras salir del Littel´s me fui al Juzgado, no sin antes hacer un par de paradas técnicas en dos garitos y tomar algo para templar los nervios. Un carajillo en el Bebe y Zampa y un capuchino doble en Al Pan pan y al Vino vino.
Una vez sentado en mi escritorio, volví a echar un vistazo a los papeles de Ricochet.
Me prometían varios trienios más por la patilla, horas de libre disposición, moscosos por un tubo, dietas de desplazamiento y locomoción, cursos remunerados de formación, complementos específicos y de productividad por la cara, licencias por enfermedad y paternidad, algo que no entendía sobre la masa salarial, un dedo de silicona con mi huella dactilar… un auténtico chollo. También había un compromiso de adjudicarme un destino de alto nivel y confort una vez entrará en funcionamiento la nueva oficina judicial, aunque, claro, cuando Ricochet habló de este punto en el Littles´s, a todos nos dio la risa.
¿El precio? No hacer nada. Olvidarme del expediente de marras.



Que te arrojen a la cara tu vida, como si fuera una toalla húmeda y pestilente es duro. Aunque sea cierto. Encendí un cigarrillo con un chisquero y miré a mi alrededor. ¿Qué porcentaje de mí vida trancurría allí? En la pared de enfrente estaba el enorme reloj que, aunque aparente, había comprado en un chino por tres euros. Junto a la fotocopiadora el equipo de música cutre incautado a algún chorizo, vete tú a saber cuando, donde escuchaba los melancólicos blues de mi grupo favorito, The Cirros. Bajo el mostrador un botijo donde alguien había escrito con rotulador negro propiedad de…
Apagué con furia el cigarrillo en un cenicero con el logotipo de STAJ y grité a las paredes.
—¡Me voy al archivo a buscar un expediente!
Esquive a Berta, una compañera Asturiana famosa por su locuacidad insaciable, y tomé el ascensor hasta el sótano.



El pasillo donde se encuentran los archivos tiene el techo bajo y por el discurren, a la vista, tuberías y conducciones eléctricas. Algunas de las lámparas fluorescentes parpadeaban insistentemente y además se oía un fuerte zumbido eléctrico procedente de toda la maquinaria que hay instalada por allí. ¿Recuerdan a la Teniente Ripley recorriendo despavorida y entre destellos de luz los pasillos de la nave Nostromo? Pues lo mismo.
Una vez ante la puerta del Juzgado nº 6, la abrí con mi llave maestra, fruto de un trabajito que hice en una ocasión para uno de los vigilantes de seguridad. Concretamente descubrir quién utilizaba la máquina de rayos x para aliviar las listas de espera de la Seguridad Social y, de paso, sacarse un sueldecillo extra.



Afortunadamente, los Auxiliares Judiciales de ese Juzgado debían de ser unos auténticos profesionales. Todo estaba perfectamente colocado e incluso se habían tomado la molestia de dibujar en una hoja de papel A-3 un croquis con la disposición de las estanterías. Lo miré con detenimiento… estantería 12, expedientes civiles anteriores a 1985. Busqué la estantería 12. Estaba claro, en el estante que correspondía al año 1970 había un gran hueco vacío. Acerqué mi rostro y… ¡que extraño!, aquello olía a… por el rabillo de ojo noté un movimiento y antes de que pudiera hacer nada, algo me golpeó en la nuca. Los contornos de la habitación se agrandaron, se hicieron vagos y difusos, de pronto el suelo se levantó de su sitio y me golpeó en la cara. Me fui flotando a alguna parte…


*********


Abrí un ojo y vi… ¡un santo!, con sus manitas juntas, una sonrisa angelical y una aureola brillante tras la cabeza. ¿La había palmado y estaba en el cielo? ¿Tenía razón entonces el Padre Sotanillos?
Estaba tumbado de espaldas en el suelo y conseguí incorporarme con dificultad, como si me despegara de un barrizal, hasta quedar sentado. ¡Claro!, aquello era la figura de escayola que durante años estuvo en las antiguas dependencias del Juzgado nº 2 y que tras el traslado se debió bajar al Depósito de Piezas de Convicción. Pues allí es donde estaba. Me dolía la cabeza y gemí, además tiritaba de frío, no sólo por la humedad de aquel sótano, sino por la simple razón de que me encontraba en pelota picada. En el suelo, junto a mí, había un tomazo de jurisprudencia del Tribunal Supremo, sin duda el arma que habían utilizado para noquearme. Si llegan a utilizar uno del Constitucional seguro que a estas horas estaría tumbado en una fría mesa de mármol con el cráneo abierto y alguna de esas simpáticas forenses hurgando en mi cavidad abdominal o introduciendo trocitos de mis vísceras en pequeños tubos de cristal.



Trasladarme desde el archivo hasta allí podía tener su lógica. El Depósito estaba ubicado en uno de los extremos del semisótano, donde no había nada más. Por allí no circulaba el personal. Además para alcanzar el exterior había un pequeño pasillo con dos puertas macizas. Me podía pasar una semana gritando con un megáfono, caso de tenerlo, sin que me oyera nadie.



Estaba bien jodido… aunque, un momento ¡Pero sí estaba en un depósito judicial! ¡Aquello es la boutique del butronero!... Palanquetas de todos los tamaños y modelos, enormes radiales, gatos hidráulicos, picos, taladros eléctricos, cizallas, destornilladores, prolongadores eléctricos, guantes y botas de trabajo, gafas protectoras, mazas con la cabeza del tamaño de un melón, cuñas metálicas… todo desperdigado a mí alrededor. Además ¿a cuántos lanzamientos había asistido en mi vida profesional? ¿A cuántos cerrajeros había visto despanzurrar puertas? Ni se sabe.



Antes que nada decidí buscar algo de ropa. Recordaba que en las estanterías del Juzgado nº 1 había un buen montón de sacos de basura negros con ropa intervenida en algún mercadillo. En la primera bolsa que abrí sólo había objetos falsificados de la marca Play Boy. No era precisamente ligueros y braguitas comestibles lo que andaba buscando, así que la dejé a un lado y cogí otra. Dude por un instante entre unos Lacostte de colores chillones, aunque el logotipo más que un lagarto parecía un cerdo de color verde con mandíbulas prominentes, y unas camisetas GURÚ. Finalmente me decidí por una de éstas últimas de color rojo y una gigantesca margarita en la espalda. De una gran caja de cartón saqué un montón de pantalones vaqueros. Debían ser un modelo para raperos por que me venían todos enormes, así que me puse uno y lo ajusté a la cintura con un trozo de cuerda. Unas viejas botas manchadas de yeso y pintura y listo. Por supuesto todo aquello apestaba a rancio y humedad.



Para mi sorpresa, la primera puerta estaba abierta. Me planté ante la segunda y medité un momento. Decidí dejarme de sutilezas y emplear directamente una radial tamaño brutal. Apoyé el disco contra el borde de la puerta y pulsé el interruptor… ¡ÑIIIIIIIIIIIIIIIIC!... Todo el estrecho pasillo vibraba como si pasara por allí un tren de mercancías. Del techo y paredes se desprendían trozos de escayola que caían sobre mí, formándose una gran polvareda que apenas me dejaba ver o respirar. Paré un momento y decidí meter un par de cuñas en el pequeño hueco que se había formado. Agarré una maza que apenas podía sostener y me puse a dar golpes como un poseso… ¡POM… CATAPLUM!... creo que perdí la cabeza. ¡Tenía que salir de allí! Cuando me quedé sin fuerzas y jadeante, le eché un vistazo a la puerta… allí seguía tan pancha, pero el tabique contiguo tenía un buen agujero. Sacando fuerzas de flaqueza pegué un buen par de mazazos hasta conseguir ampliar el hueco. Gimoteando como un enajenado, sudoroso y con la garganta seca, me introduje por él con dificultad. De pronto unas manazas sujetaron mi cabeza y tiraron de mí, cayendo boca abajo en el pasillo exterior. Al tiempo que una rodilla se clavaba en mi espalda, tiraron de mis brazos hacía atrás y noté algo frío y metálico en las muñecas.



—¡Te pillé, mangante! —Dijo una voz.
Sentí que unos fuertes brazos me daban la vuelta.
Volví a oír la misma voz y entonces la reconocí. Era De Vitto, el vigilante de seguridad tamaño armario ropero.
—¡Pero si eres Galíndez!... ¿Qué coño haces vestido de hippy?...


***********


Aquel despacho era todo lo que debía ser un despacho. Largo, sombrío, tranquilo; las persianas estaban entreabiertas para evitar el resplandor del Sol y las cortinas hacían juego con una alfombra en la que una ardilla se podía pasar una semana sin que nadie notara su presencia. Las paredes estaban decoradas por fotografías enmarcadas, entre ellas una del actual Ministro vestido de Indiana Jones y rodeado de bichos muertos.
Se abrió la puerta y entró el Decano. Por la forma de morder el puro que llevaba en la boca era evidente que estaba muy cabreado. Atravesó a paso vivo la habitación y se sentó tras el escritorio, echando una gran bocanada de humo. Tras él, entraron Ricochet, Merceditas y… Vanesa Muñoz. Se sentaron silenciosamente.



—¡Bien!... ¿Quién ha sido el salvaje que ha hecho eso con mi puerta y mi tabique? ¿Alguien sabe el papeleo que conlleva algo así? En la Gerencia van a querer patear algún culo… ¡y les aseguro que no será el mío! —dijo el Decano dando un buen par de dentelladas al puro y mirándome fijamente.
No podía se de otra forma. Allí estaba yo, sentado en una silla, vestido como un fantoche, esposado, sudoroso, cubierto de restos de yeso y polvo, con el vigilante de seguridad tras de mí con los brazos cruzados.
—Joder, De Vitto… quítele las esposas no creo que vaya a cometer ninguna tontería. —exclamó.
—¿Podría tomar algo? —Tenía la garganta como un papel de lija y apenas pude decir esto con un hilillo de voz.
Mi aspecto debía de ser tan lamentable que, sin decir nada, el Decano me sirvió una taza de café de un termo, que sacó de una pequeña caja fuerte que tenía detrás de él. Era tan espeso que iba a tener que utilizar cuchillo y tenedor para tomarlo. Me lo tragué como pude.



—¡Ya se lo que ha pasado con el expediente! —dije con solemnidad
— ¿Expediente?... ¡Nadie me ha dicho nada de un expediente! —dijo con sorpresa el Decano fulminando con su mirada a Ricochet y a Merceditas.
Durante varios minutos hablé sin que me interrumpieran sobre el encargo de la Srta. Muñoz, mí entrevista con el Jubilado, el encuentro con Ricochet y compañía en el Littel´s, lo sucedido en el sótano…
—…El interés que mostraron Ricochet y Merceditas para que me olvidara del asunto me convenció de que fueron ellos, solos o compinchados con otros fulleros, quienes robaron el expediente. Ahora bien, los chanchullos que me ofrecieron no son de los que están a su alcance, por lo que deduzco que el robo estuvo instigado por algún pez gordo del Ministerio —Esto último hizo que el Decano se moviera inquieto en su sillón.
—Aunque son carne de expediente disciplinario —continué diciendo— no dejan de ser funcionarios de carrera, gente capaz de esconder papeles o escaquearse, pero impotentes para destruirlos. Sería como una profanación. No está en su naturaleza funcionera hacer algo así. Decidieron dárselos a Peláez para que los custodiara…
—¡Rápido! —dijo precipitadamente el Decano, al tiempo que hacía además de coger el teléfono— hay que enviar a alguien a casa de ese viejo chivo y recuperarlo.
—Ya no lo tiene —dije lacónicamente.
Ahora fueron Ricochet y Merceditas los que pusieron cara de sorpresa.
—¿Entonces dónde coño está? —gritó el Decano.
—Verá, justo antes de quedarme KO noté que la estantería donde estuvo archivado el expediente olía a… palomino
— ¿Quee?... —exclamó a punto de tragarse el puro. Hice caso omiso de su mirada y continué
—Me refiero a excremento de palomas. No sé si lo sabrá, pero antes de la construcción de este edificio los expedientes antiguos estuvieron archivados en uno de los sótanos de la Audiencia Provincial. Pues bien, una de los ventanucos tenía los cristales rotos, así que durante años esas sabandijas anidaron en su interior. El problema no era encontrar un expediente en aquel archivo, lo jodido era evitar que te cayeran en la cabeza los huevos de los nidos y no coger la peste bubónica o algo así, por culpa de la capa de mierda que los recubría…Srta. Muñoz —dije mirándola— ¿me equivoco si digo que Vd. tenía en el Juzgado sólo el último tomo? Probablemente los anteriores ni los haya llegado a ver.
No hizo falta que contestara afirmativamente y continué
—Sin embargo, el olor de la estantería era muy tenue por lo que supongo que el robo ocurrió hace años. Recordé también que el mazo de folios que me enseñó Peláez eran, sin duda, muy viejos y tenían un extraño aroma que en ese momento no reconocí, pero ahora sé que era a cagarruta palomitera. ¿Y a qué se ha dedicado nuestro amigo durante los últimos años? Pues a mandar oficios, informes y Dios sabe qué a cientos de organismos oficiales. ¿Y qué papel cree Vd. que ha utilizado para ello? —pregunté mirando al Decano.



Me serví un castañazo del café del termo y cogí un cigarrillo de un paquete que había sobre el escritorio.
—A Peláez le gusta el papel tamaño folio sin normalizar, sí además está apergaminado y lleno de viejos timbres y pólizas, mucho mejor. Y en aquel cúmulo de tomos que le habían entregado tenía una fuente prácticamente inagotable. Pacientemente los borraba o, simplemente, mecanografiaba sus ocurrencias en el reverso. —hice una pausa para tomarme el café y encender el cigarrillo, y continué— Imagino que el último tomo, o al menos parte de él, lo he tenido esta misma mañana en mis manos. Ahora probablemente estará viajando en algún furgón de Correos rumbo al Ministerio, donde seguro que acaba en una trituradora o directamente en la basura. Que es donde habrán acabado todos lo que ha enviado a lo largo de los últimos años.



Durante un buen rato, nadie dijo nada. El puro del Decano se movía a una velocidad endiablada de un lado a otro de su boca, echando humo como una central térmica de carbón.
—¿Entonces qué propone que hagamos? —me preguntó.
—Nada. El expediente es irrecuperable y no creo que ninguno de estos dos —dije señalando con la cabeza a Ricochet y Merceditas— sepan con certeza quién ordenó despistarlo. Quien lo hizo, seguro que utilizó a algún lameculos de tres al cuarto para que diera la cara. El inductor puede ser desde un Director General hasta… el propio Ministro, pasando por un Secretario de Estado o un Subsecretario ¿Quiere Vd. meterse en ese berenjenal? — Las miradas se dirigieron inconscientemente hacía la fotografía enmarcada. A todos nos dio la impresión que el rostro ministerial ya no sonreía tanto y que en cualquier momento podría saltar desde la pared hasta el centro de la habitación, blandiendo aquel escopetón y montar una buena escabechina.
—¿Y cómo justifico yo el destrozo del sótano? —volvió a preguntar el Decano.
—¡Por el amor de Dios!, Decano, estamos en los Juzgados. Por aquí pasan todos los días cientos de chorizos habituales. Se le ofrece a cualquiera de ellos un buen trato de favor y seguro que acepta encantado comerse el marrón —dije con una sonrisa.
—Pero, ¡un momento!, seguimos sin saber quién le pegó el tochazo ¿fue alguno de estos dos bandarras? —preguntó el Decano mirando al par de fulleros.
—No. Fue el Sr. Petit —contesté.



Eché un par de caladas al cigarrillo y continué.
— En realidad el incidente no tiene nada que ver con el expediente. Simplemente ocurre que a todo cerdo le llega su San Martín, y así, nuestro látin lover particular se ha enamorado hasta las trancas de la Srta. Muñoz. Y, claro, nos vio hablar un buen rato muy juntitos y cuchicheando y pensó que yo tenía intención de intercambiar pomelos con ella. Me siguió hasta los archivos y decidió quitarme de en medio o simplemente desprestigiarme, de ahí lo de dejarme en cueros. —miré en dirección de la Srta. Muñoz, ruborizada hasta las pestañas, y le pregunté
— ¿No notó algo raro en él últimamente?
—Pues ahora que lo dice… verá, frecuentaba con asiduidad mi Juzgado y se plantaba frente a mi mesa, mirándome fijamente, haciendo posturitas y cosas raras con la lengua ¿se refiere a eso? —me contestó.
—A mayor abundamiento le diré —continué dirigiéndome al Decano —que mientras buscaba ropa, abrí por error una bolsa con objetos de Play Boy. Pues bien esa bolsa la deposité yo allí hace semanas y recuerdo que en la parte superior había unos juguetitos… ¡ejem! digamos que de uso no muy ortodoxo. Esta mañana cuando la abrí, tales objetos ya no estaban… ¡La persona que me golpeó estaba interesada en ese tipo de artículos de goma! ¿Quién se entretendría en algo en así? La respuesta es obvia.
Un largo silencio se adueñó del despacho, hasta que el Decano se levantó de su asiento y grito
—¡Fuera todo el mundo!... Y no lo olviden, aquí no ha pasado nada… ¡Largo!



Lentamente salimos del despacho y Vanesa me agarró de un brazo, preguntándome en voz baja y lastimera
—¿Y qué hago yo con el expediente?
—Tengo entendido que esta Vd. pendiente de la resolución del concurso de traslado y que es seguro que se marcha destinada fuera. Además disfruta en agosto sus vacaciones ¿no es cierto? — dije mirándola fijamente —Pues actúe como una auténtica profesional. De largas al asunto y quien venga a su plaza… ¡que cargue con el mochuelo!

**********

Las 14:35 ¿No se supone que teníamos jornada de verano reducida? Como decía un antiguo Secretario de grato recuerdo, ya estábamos perdiendo dinero, así que me encaminé a la salida del edificio. Me despedí con un gesto de cabeza de los vigilantes y Guardias Civiles y salí al exterior. Brillaba el Sol con fuerza y allí estaban Ricochet, Pericles, Merceditas, Sr. Petit, Calderón y otros Funcionarios.
—¡Galíndez!, parece que vas a seguir con tu misma vida de mierda… ¿Hace unas cañitas? —me gritó alegremente Ricochet.
¿Y por qué no? Ya estaba harto de tanto café.




Fin
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jueves, 17 de julio de 2008

RELATOS DE VERANO

EL EXPEDIENTE ETERNO
Un Thriller por entregas que nos descubre el lado más lóbrego de la sociedad funcionera-judicial.
Héroes crepusculares, asesinos desalmados, expedientes disciplinarios, lagartonas sin escrúpulos...
¡... y mucho más!

Cuando desperté, estaba tirado en medio del depósito de piezas de convicción como mi madre me trajo al mundo. Me dolía enormemente el colodrillo y al palparlo noté un chichón del tamaño de un melocotón mediano, así que…
Pero creo que será mejor que empiece por el principio. Una mañana del mes de julio para ser exactos.

Serían las nueve y media y no hacía ningún trabajo en aquel momento, sólo practicaba el balanceo de piernas. El Juzgado estaba en silencio, únicamente roto por el suave tac tac de los teclados, y una brisa cálida entraba por las ventanas moviendo las diminutas partículas de polvo como polen flotando en un solar vacío.
Estaba pensando en ir a tomar un café cuando una mujer se sentó en la silla que tenía frente a mi mesa. Era una chica muy compuesta, un poco afectada, de pelo castaño cuidadosamente peinado y vestía un anticuado traje sastre malva. No llevaba ni colorete, ni carmín, ni joyas y sus gafas sin montura le daban un aire de sabelotodo. Sabía que era Gestora en algún Juzgado de la planta y jamás había cruzado una palabra con ella, de hecho ignoraba hasta su nombre.

— ¿Es Vd. Galíndez, el detective?— preguntó con una vocecilla apenas audible.
Contesté que era Galíndez, Funcionario al servicio de la Administración de Justicia.
Se sonrojó.
— Entonces me marcho, me deben haber informado mal—dijo precipitadamente haciendo ademán de levantarse.
— Tranquila hermana, es cierto que me he ocupado de algunos asuntillos para el Decano, pero, ya sabe, siempre de manera extraoficial y discreta.
Abrió desmesuradamente los ojos.
--¿Entonces es verdad que se ocupó Vd. del caso de la desaparición del papel higiénico del Servicio de Señoras y del secuestro y decapitación del osito de peluche de la Secretaria de Social?—
Sonreí mientras abría el cajón de mi escritorio y sacaba un termo de café.
—Seguro que me va a contar una larga historia, echemos un trago—
Disfruté observando su cara de reprobación mientras vertía un par de dedos del oscuro licor en una taza de cerámica con el logotipo CCOO.
—Soy Vanesa Muñoz y llevó asuntos Civiles en el Juzgado nº 6 –dijo, hablando de repente muy rápido, como si me pagara por horas —no encuentro un procedimiento de los que tramito…
Y se quedó allí callada, observando mi rostro, supongo que esperando que yo pegara un brinco o algo así.
— ¿Y…? ,— dije tras unos segundos de silencio.
— ¿Le parace poco?... se trata de un pleito importante, 15 tomazos, de los años setenta, un montón de dinero, diez partes personadas, anotaciones de embargo, cancelaciones, incidentes, piezas separadas, litisconsorcios pasivos necesarios, tasaciones de costas impugnadas… una tortura… ¡y ha desaparecido!
En este punto, parecía que fuera a ponerse a llorar, así que tras vaciar la taza de un trago adopté mi tono más paternal al tiempo que la miraba fijamente.
–Escuche –le dije —todos los días desaparecen expediente, oficios, piezas de convicción, escritos… Ayer, sin ir más lejos, no encontraba mi cajita imantada para los clips y esta mañana, ¡voila!, vuelve estar encima de mi mesa. Quizás lo archivó erróneamente o algún compañero lo cogió para algo… pero siempre aparecen tras unos días. No se preocupe.
Escuchó mi discursito sin inmutarse y de repente se inclinó hacía delante, mirando a su alrededor.
—Llevo una semana buscándolo —susurro— además han registrado mi mesa y todo lo referente al expediente ha desaparecido del ordenador.
En ese instante debí de mandarle a paseo y esconderme debajo de la mesa o ponerme a registrar atestados como un loco. Borrar un procedimiento del Libra no era algo que pudiera hacer ningún informático de tres al cuarto. La banda del CAU tenía que estar pringada y con esos tipos no se puede jugar. Si te entrometes en sus chanchullos te mandan un virus que te fríe el disco duro del ordenador. A continuación recibes la visita de un técnico que, cuando menos de te lo esperes, saca una aceitada ametralladora Thomson del maletín de herramientas y entonces… el que se queda frito eres tu.
—Está bien —dije al tiempo que inclinaba mi sillón giratorio hacía atrás— me ocuparé del asunto. Cobro veinte Euros por día más gastos. Anóteme todos los datos que recuerde del expediente…
Le proporcioné unos folios desechados de la impresora y el roñoso bolígrafo con el que firman los chorizos y encendí un cigarrillo con un fósforo, mientras ella escribía. Cuando terminó colocó cuidadosamente el bolígrafo sobre la mesa.
—Tengo que marcharme —me dijo— El nuevo Secretario es muy estricto y seguro que me ha echado de menos.
Se levanto muy despacio arreglándose cuidadosamente la falta y la observé atravesar la sala con un trotecillo menudo y nervioso.


Al pasar junto a la mesa del Sr. Petit, un tramitador con pinta y modales de play boy marbellí desfasado, éste siguió apilando procedimientos sin levantar la cabeza y ¡esto sí que era extraño! La chica no es nada del otro mundo pero normalmente a este fulano le pones delante una escoba con faldas y le sale la testosterona por las orejas. En esta ocasión… nada. Ni una furtiva mirada a las nalgas… ¿pelarán cebollas juntos estos dos? Me prometí a mi mismo vigilarle estrechamente..


******


¿Conocen la tasca Antolín en la calle Comandante Villahermosa? Cuando yo era un mocoso ya estaba allí. Y por lo que sé, cuando a mi padre le empezó a salir bigote también lo estaba. Y probablemente cuando se derritan los casquetes polares allí seguirá. Necesitaba información sobre pleitos antiguos y aquel era el sitio apropiado, así que recorrí los doscientos metros escasos que le separa de los Juzgados y entré. El local era pequeño y se encontraba en penumbra, tenuemente iluminado por la escasa luz que se filtraba a través de los cristales esmerilados de la puerta. En cuanto a su decoración... ¡Ejem!, para no extenderme les diré que allí no triunfaban las últimas tendencias zen o minimalistas. Era una tasca-tasca, con su barra y el borrachuzo del barrio a un extremo de esta. Y poco mas. Al otro lado un viejete sesteaba escuchando una radio a pilas.


—Un cafelote bien cargado –pedí
Se metió una mano en el sobaco y se rasco ostensiblemente. No hizo ningún otro movimiento.
—¿Arábigo, turco o torrefacto?
—Échele todo lo que esté incluido en el precio.
Me lo sirvió con parsimonia en una taza más grande que un orinal. Poco a poco mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y pude observar al fondo del garito al fulano a quien había venido a buscar.
Se encontraba sentado ante una pequeña mesa redonda de madera, atestada de papeles, códigos legales manoseados y una enorme máquina de escribir Olivetti Línea 98, una antigualla que tenía un carro en el que se podía meter una sábana de matrimonio.


—¡Hola Peláez! —saludé alegremente— ¿Cómo le va?
Sorprendido, levantó la cabeza de la montaña de papeles y tras reconocerme esbozó una ligera sonrisa.
—¡Hombre!, pero sí es Galindito, perdone majo pero estoy tan enfrascado en el trabajo que no le he oído entrar. Venga siéntese aquí —dijo con voz cavernosa, al tiempo que apartaba una silla de la mesa.


Su rostro era una máscara de cuero, con labios sin sangre, nariz puntiaguda, sienes hundidas y los lóbulos de las orejas curvados hacia fuera. Las delgadas manos, semejantes a garras, lucían unas uñas manchadas de tinta azul y descansaban blandamente sobre la mesa. Algunos mechones de cabello blanco y pajizo colgaban del cuero cabelludo como flores silvestres luchando por la vida sobre la roca pelada. ¿Han visto alguna película de Boris Karloff?. Pues clavadito.
Nadie sabía muy bien cuál era su edad o cuándo había ingresado en la Administración de Justicia, aunque, por su aspecto, muy bien pudo acceder como meritorio en el Tribunal de Torquemada. Nunca se le conocieron esposa, hijos, familia o relaciones personales ajenas al funcionariado. Lo que sí fue sonado fue su jubilación: el Decano tuvo que llamar a los GEOS para que lo sacaran a rastras del Juzgado, bueno, a él y al archivador al que se había encadenado. Después de aquello se pasó tres años remitiendo oficios, suplicatorios y memoranduns al Ministerio para que le concedieran la Raimunda, hasta que algún listillo le envío una chapa de coca-cola incrustada en un diploma ¡y el tío se lo tragó!



—¡Vaya!, me alegro una enormidad encontrarle aquí querido Peláez —le dije aparentando entusiasmo —resulta que tengo una sobrina que está escribiendo una tesis de fin carrera sobre escándalos económicos y sistema legal del Franquismo Intermedio, Y claro, enseguida he pensado en Vd. para que la ilustre.
Habituado a que cualquier funcionario huyera de él como de la peste, la oportunidad que se le presentaba de darle la brasa a un incauto que voluntariamente se prestaba ello, le hizo salir inmediatamente de su letargo.
—Qué casualidad, estimado compañero. Precisamente acaba de terminar un informe que tengo intención de remitir a ese chico de Arenas de San Pedro tan simpático, un poco ye-ye, pero aplicado sin duda —al tiempo de decir esto me alcanzó un mazo de al menos 500 folios manoseados y amarillentos, de tamaño no normalizado y mecanografiados a un solo espacio.
—Como podrá observar —continuó— en el apartado 55.10.1., se hace mención a escándalos muy sonados de la época: Sofico, Matesa…
—Sin duda todo esto le resultará muy instructivo —le interrumpí— pero ella está más interesada en asuntos más… domésticos ¿Le suena a Vd. una demanda contra una empresa que se llamaba…? —Consulté brevemente las notas de la Srta. Muñoz y dije con solemnidad —Confecciones e Hilados del Bajo Tiétar S.A.
Su rostro pasó inmediatamente del amarillo pergamino a un tono verdoso, al tiempo que se tomaba de un solo trago su tazón de espeso café con un chorrito de tinta para tampones.
—Pues… esto,,, ¡ejem!,,, no me suena nada ese nombre —respondió bajando la vista — pero como le iba diciendo en el informe se contienen las claves para solucionar todos los problemas de la Justicia —mientras decía esto último, se colocó ceremoniosamente unos manguitos negros en los antebrazos y una visera de celuloide en su pelada cabeza.
Esto significaba que entraba a matar.


A partir de ese momento ya cogió carrerilla y no hubo manera de pararle. Me sumí en mis pensamientos sin dejar de tragar tazas de café y fumar cigarrillos. Fragmentos de su cháchara llegaban a mi embotado cerebro como en un sueño.
—Sí señor, todo pasa por volver a reintroducir el Código Penal de 1848 y el papel y timbre del Estado… La semántica tiene su importancia, piense Vd. en lo bien que suena expediente de prodigalidad, deslinde y amojonamiento, codicilio y compárelo con esas birrias modernas de monitorio o cambiario, ¡vaya ordinariez!, ¿de que ha sido la idea? ¡de algún comunista, sin duda!... ¿Le he hablado alguna vez de mi estancia en el TOP? aquello sí que era un Tribunal como Dios manda y no esa mariconada de la Audiencia Nacional… y entonces entró en Plaza Castilla la magistrado esa, la Manuela Carmena, como un elefante en una cacharrería y se montó la marimorena…
No se cuanto duro aquello, pero lo que sí sabía era que tenía que largarme cuanto antes. Me levanté lentamente. Aunque daba igual, el tío ya se había olvidado de que yo que estaba allí y no paraba de contarle sus extravagantes ocurrencias a las sombras.


En ese momento entró un grupo de clientes y el viejo funcionario pareció perder la chaveta definitivamente
—¡Oiga caballerete!, —gritó con voz chillona— ¿cómo se atreve a presentarse ante este Tribunal en gallumbos? ¿Quiere acabar Vd. en el Penal del Dueso?
—Tranquilo Peláez, que el chaval lo que lleva son unas bermudas —le dije al tiempo que le daba unas palmaditas en el hombro
Pagué la cuenta y abrí la puerta. A mis espaldas el vejestorio no paraba de gritar
—¡Señora!, ¿qué mierda de instancia es esta? ¿dónde están las pólizas?... Eso es en la ventanilla de enfrente, so merluzo… ¡Vuelva Vd. mañana!...
Salí al exterior cerrando la puerta muy despacio.


***********


Las 11:00 de la mañana. Una muchedumbre de funcionarios cafeinómanos surge de las entrañas del feo edificio judicial y se dirige como zombis hacía los garitos de la parte norte de la calle Comandante Villahermosa y de la plaza del Ayuntamiento. Pero no están solos. Aquí confluyen con otras riadas que proceden del Ayuntamiento, de la Diputación, de la Junta, ¡hasta los pijos de Hacienda se dejan caer por allí! Me dejo llevar por la marabunta y acabo en el Little´s

Está lleno hasta la bandera y una espesa nube de humo cubre todo el local, tenuamente iluminado con una luz rojiza. En la vieja máquina de discos suena la big band de Duke Ellington interpretando su magnífica versión del clásico tengo una vaca lechera.
Me hago sitio en la atiborrada barra y pido, como no, un café. Tengo la cabeza como un tambor, pero si aquí pides una manzanilla enseguida todo el mundo piensa que eres maricón o un soplón del Ministerio.
—Oye Samuel —le pregunto al propietario al tiempo que le señalo con la cabeza la pizarra que hay tras la barra —¿Cómo se presentan las carreras de hoy?
—Ya sabes que en julio la cosa está floja —me dice con cara de aburrimiento y sin parar de limpiar vasos con paño—pero en la sala 3 haya un par de vistas interesantes.
Miro un instante con interés la pizarra.
—¡Ah! Ya veo. ¿Quién es el Jockey del demandante de las 12?
—El Letrado Bermúdez. Ya sabes que está en forma —añadió con una sonrisa e inclinándose hacía mi dijo bajando la voz —entre nosotros, sé de buena tinta que el Juez ha estado toda la noche de juerga y no tendrá muchas ganas de monsergas ¡y si te fijas quien es el Letrado contrario…! las apuestas están 4 a 1.
—¡Joder! —exclamé al darme cuenta de que se refería al Abogado Sainz de Buruaga, el tío más plasta que se haya podido ver en una Sala de Vistas.
—Apúntame 20 machacantes a ganador y 10 a que hay condena en costas —dije con seguridad.
—Hecho —me contestó, dándome un recibo.


Allí se juntaba todo el mundo. Desde pipiolos recién llegados hasta fulanos con más triénios en cada pata que pelos tengo en la cabeza, Funcionarios en activo o en excedencia, en servicios especiales y expedientados, interinos chanchulleando para avanzar puestos en la bolsa. Incluso algunos Jueces, Fiscales y Secretarios abandonaban de vez en cuando sus exclusivos clubs privados para tomar una buena taza de café casero de contrabando.
Sentada a mi izquierda se encontraba la tramitadora Martina. Una morenaza de armas tomar y de la que se rumoreaba que lideraba la banda que había asaltado, dinamita en ristre, el buzón blindado de quejas y sugerencias.
—… Y entonces, va el viejo y me dice: “señorita, esto me lo pone Vd. por escrito y con el sello del Juzgado”. Así que le agarré por el pescuezo y le hice tragar el sello del registro de entrada… sin masticar ni nada —le decía entre risotadas a sus acompañantes.
Retazos de conversaciones llegaban a mis oídos…
—…oyess, me han dicho que tú eres de Burgos —susurraba un Auxiliar Judicial en excedencia forzosa a una rubita de reciente ingreso —¿No te interesaría una comisioncita de servicios en el TSJ? Un par de cientos y ¡hala! a casita con tu mamá.


Dejé vagar mi mirada por el tugurio y algo llamó mi atención en uno de los reservados del fondo. La cortina se encontraba entreabierta y pude ver en su interior a Ricochet, el liberado sindical, que me hacía señas para que me acercara. Apuré mi taza y con dificultad me acerqué al reservado.
—Pasa Galíndez y cierra la cortina —me dijo el sindicalista con voz amigable y continuó diciendo —supongo que conoces a todo el mundo ¿no?
¡Vaya que si los conocía! Aquello era una reunión en la cumbre. Alrededor de una mesa colmada de tazas de café había varias butacas ocupadas por tres personas más. Allí estaba repantigado el Tramitador Pericles, un fulano regordete recién llegado al Juzgado nº 1. No se sabe muy bien cómo, aunque se especulaba que con la ayuda de un juez disoluto y un matón venido del sur, había logrado deshacerse de tres funcionarios pata negra que dominaban el cotarro. Ahora era el amo indiscutible del gallinero.
Junto a él, y preparandose una línea de café molido tan grande que tendría que usar un rollo de papel Albal para esnifarla, estaba el jefe del clan de los bellacos, Calderón, un auxiliar en excedencia voluntaria que exhibía en el rostro las cicatrices de sus innumerables duelos con grapadora.
¡Y lo mejor lo dejo para el final! En la butaca más alejada de mi posición estaba Merceditas, la Funcionaria del cuerpo de Gestión del Decanato. Valía la pena mirarla. Una rubia de ojos ardientes y boca con labios carnosos, fruncidos en esta ocasión con un gesto arisco. Era conocida por su eficiencia, su trato delicado y exquisito con los funcionarios y su esmerada educación. Ella y su vestido verde hierba parecían haber crecido juntos. Una delicada florecilla en un campo de cardos borriqueros. ¡Una auténtica monada!


—¿Te apetece un café? —preguntó Ricochet y sin darme tiempo a contestar asomó la cabeza por la cortina y dijo gritando —¡Samuel, tráenos una cafetera de café, pero que sea del colombiano, no esa mierda de achicoria que le pones a la gente!
Tomé asiento frente a Merceditas y durante unos instantes nadie dijo nada.
—Bueno, ¿que tal si dejamos de pelar naranjas y hablamos de negocios de una puta vez? —exclamó de pronto Merceditas, al tiempo que se giraba hacía mi.
—Oye tú, ¡zarrapastroso hijo de la gran puta! —continúo diciendo al tiempo que se inclinaba hacía mi, envolviéndome en una nube de embriagador perfume Midnight Narcissus—¿Quién coño te crees que eres para meter tus hocicos de mierda en nuestros asuntos?, voy a meter tu grasienta cabeza de fisgón en la trituradora de papel y usar tus sesos como abono para el pothos que tengo encima de mi mesa... ¡so cabrón!
Tengo que reconocerlo, por unos instantes me quedé desconcertado. No tanto porque mi mirada se hubiera colado por su generoso escote y no encontrara la forma de salir, sino por la sorpresa de oírla hablar como un estibador portuario con almorranas.


(CONTINUARÁ)

martes, 24 de junio de 2008

JUSTICIS NEWS ÁVILA 24/06/08


















PALOMINOS

Primero fue un suceso aislado. Luego el comentario en esta Gaceta de un anónimo comunicante despertó las alarmas. Recapitulemos. El Sr. Petit, arreglado y perfumado como en él es habitual, se dirigía al trabajo a primera hora de la mañana cuando resultó alcanzado en la mollera por una enorme deposición mierdosa. Luego, todo han sido rumores, murmullos a media voz sobre ataques aéreos de similar naturaleza, miradas subrepticias a las alturas, leyendas sobre funcionarios enmierdados hasta las cejas.

Sin embargo, esta redacción se encuentra en condiciones de confirmar al menos 15 bombardeos palomiteros sobre otros tantos compañeros, que resultaron alcanzados de lleno. El último de ellos esta misma mañana y siendo protagonista el apolíneo gacetillero In Dubio Pro Reo.

De los casos indubitados, resulta que el 100% han tenido lugar en un radio de 300 metros de la Sede de los Juzgados (esto incluye pues, a la Audiencia Provincial); un 95% de los afectados han resultado ser varones con la frente ampliamente despejada; un 95%, han ocurrido entre las 8:30 y 9:45 horas. ¿Casualidades?...

Otra incógnita que se plantea es sobre la especie cagona. ¿Una paloma?... tras un concienzudo análisis de los restos obtenidos de la camiseta, cabello y orejas del Sr. Petit, estamos en condiciones de decir que no. El volumen de excremento de la muestra (insistimos, sólo la parte que pudo ser recuperada) ocupa un volumen de ¾ de litro, lo que unido a su grado de viscosidad, tropezones y pestilencia nos hace descartar totalmente que el autor de una cagada de tal calibre sea un ejemplar de la familia palomera (eso, o nos encontramos ante un pichón de 150 kilos).
Por otro lado, la incursión excrementosa sufrida por nuestro redactor, presenta ciertas peculiaridades respecto a las demás: ocurrió sobre las 12:00 horas, justo en la puerta del edificio judicial y mientras gozaba de un más que merecido cigarrillo. Lo más curioso es que en ese momento se encontraba despotricando sobre el actual Gobierno con varias personas (personas, no funcionarios) y, sin embargo, estas no resultaron alcanzadas a pesar de que el migajón cayó en forma de “riego por aspersión”. ¡Hum…!, sospechoso.

Todo son hipótesis, pero ¿no se ha ciscado de forma reiterada, metafóricamente hablando, el Sr. Ministro en el colectivo funcionero? ¿no es una mierda el planteamiento de los PAC? Los de los descuentos, ¿no deja de ser una diarrea galopante? ¿Habrán decidido en el Ministerio pasar de la teoría a la práctica? ¿Habrá leído D. Mariano el clásico de F. Ibáñez “Safari Callejero”? ¿Habrá pensado “si el Dr. Bacterio consiguió que volará una vaca, por que no he de lograrlo yo”? Inquietantes incógnitas.
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GAZAPOS

Leemos en “El Mundo” del pasado día 9 un largó artículo que “radiografía” un Juzgado de VD de Madrid. Pues bien, en el mismo se describe la plantilla: Que sí tantos Gestores, que si tantos Tramitadores… “dos de AUXILIO SOCIAL” Toma ya ziribucundia, como no tienen bastante con ser una especie de cajón de sastre, ahora resulta que también se dedican a tareas caritativas. (“Auxilio Social”, institución creada por el Régimen Franquista en plena Guerra Civil y muy presente a lo largo de la posguerra).
Cada vez que en una serie española alguna escena transcurre en un supuesto Juzgado o Sala de Vistas, mi mujer amenaza con tirarme a la cabeza el diccionario enciclopédico si vuelvo a despotricar sobre las incongruencias e idioteces que salen. Hace unos días, en una serie bastante mala que trata sobre un famoso crimen, se relata el inicio del correspondiente juicio: Se abre la puerta de la Sala y un fulano da las voces de rigor, “Audiencia Pública” y tal…., pero el tío va vestido como un ujier de Ministerio de los de antes, con sus galones y todo. Bueno, aunque bien pensado no es tan raro. Más de un conocido me ha preguntado si los Agentes Judiciales llevamos uniforme.
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Se dice, se cuenta, se rumorea que el próximo miércoles en las “Mañanas de la Cope” se va a dedicar un especial a la carrera musical de D. Mariano y su grupo “Los Nubarrones”… digo, “Los Cirros” (sí ya sabemos, la sola mención de la COPE puede hacer salir un sarpullido en algunos, pero la cosa promete).

lunes, 16 de junio de 2008

TELEASISTENCIA


Ya pueden los compañeros/as destinados/as en los Juzgados de Violencia en comenzar a pensar en nuevos destinos, ya que, según nos informa nuestro Topo en el Ministerio, Don Mariano se está pensando muy seriamente en amortizarlos. ¿El motivo? Pronto dejarán de ser necesarios. Y todo ello gracias a la genial iniciativa de la Ministra de Igualdad, Dña. Bibiana, de crear el ya famoso teléfono de asistencia para los maltratadores o aquellos tíos que necesitan reconducir urgentemente su masculinidad o aquellos que se encuentran desconcertados por la desaparición de la sociedad patriarcal.

Aunque quizás lo más fácil sea reconvertirlos/las en operadores/as telefónicos. Un par de meses de cursillos intensivos, eso sí, no impartidos por psicólogos o asistentes sociales, sino por hipnotizadores de esos que salen en las galas horteras de televisión. Seguidamente veremos un ejemplo de protocolo a seguir;

…riiing (o politono)… “buenas noches, caballero, cuénteme”… “¿Que su Jefe le trata como si fuera el botones?... ¿Que su equipo perdió cuatro a cero?... ¿Que se fue de marcha con los amigotes al puticlub y no se le puso?... Ya entiendo lo que dice, claro, y se siente frustrado y piensa que su vida es una mierda y necesita desahogarse con alguien. Bien caballero, pero eso estoy yo aquí. Vaya Vd. a la cocina… ¿tiene encimera de mármol?... estupendo, colóquese frente a ella. Bájese los pantalones y póngase de puntillas… coloque sus testículos sobre el mármol. Ahora con mucho cuidado abra el cajón y saque el rodillo de amasar… ¿lo tiene cogido?... sujételo firmemente y de un golpe fuerte y seco a sus huevos… ¿A que ya se siente Vd. mejor?”

No podemos dejar de aplaudir también la iniciativa de sustituir toda esa serie de caducas y machistas/os normas/os gramaticales sobre el género, por una bien sencilla: Todo lo que acabe en “o” es masculino y todo lo que acabe en “a” es femenino. Así de claro (o clara). Eso sí, se impone una ingente labor para renombrar muchas cosas (o cosos): “policío”, “guardo civil”, “futbolisto”, etc… Estamos seguros de que con esta iniciativa dejaremos todos de hacernos el picho (o el coña) un lío.

Pedazo “fistro” de Ministra.





domingo, 15 de junio de 2008

IMPRIMIR CORREO CERTIFICADOS CON CD



¿Eres del Cuerpo de Auxilio Judicial?, ¿Estás aburrido de elaborar a mano la correspondencia? ¿Odias las etiquetas adhesivas coñazas con el código de identificación de certificados?

Pues si es así, JUSTICIANEWS AVILA te proporciona un método para elaborar e imprimir todos los documentos (sobres, acuses de recibo, en su caso etiquetas adhesivas, y relaciones) incorporando los códigos de identificación de certificados.

Aunque en un principio parace complicado, en realidad su uso es de lo más sencillo y rápido. Y para que no se diga, ponemos a tu disposición un tutorial que explica paso a paso su uso (nos ha salido un tocho bastante gordo ya que lo hemos elaborada pensando en quien cuearezca de nociones de informática) así como todos los documentos y archivos necesarios.

Advertimos que no somos expertos ni mucho menos en informática. Nuestros conocimientos no pasan de "usuarios", así que seguro que habrá formas más fáciles o sofisticadas para hacer lo mismo. Estaremos encantados de recibir sugerencias para mejorarlo.

Si te interesa, o por lo menos, quieres echar un vistazo al tutorial  pincha aquí También  puedes decargártelo junto con los archivos necesarios, en la siguiente dirección:


https://sites.google.com/site/justicianews/

Sí tienes algún problema o quieres alguna aclaración, remite un correo a JUSTICIANEWS@GMAIL.COM

Para hacerse una ídea, reproducimos la introducción:

INTRODUCCIÓN

De lo que se trata de es de imprimir los sobres, acuses de recibo o etíquetas con todos los datos necesarios (nombres, direcciones, referencia), INCLUIDO EL CÓDIGO DE IDENTIFICACIÓN DE CERTIFICADOS (las etiquetas amarillas coñazas). ¿Ventajas? Si lo haces a mano, te toca escribir los mismos datos tres veces y luego jugar al “recorta, pega y colorea” con las etiquetas CD de Correos. Además te quedará una bonita base de datos con información de todas las comunicaciones, oficios, etc. que se han enviado certificadas. Se acabó eso de tener que mirar un montón de relaciones de correos para verificar si tal cédula se ha remitido… un par de golpes de ratón y listo. Por supuesto tus cartas y acuses de recibo serán una auténtica pocholada.

El procedimiento a seguir será el siguiente:

1) Introducir los datos de cada carta que pretendemos remitir certificada en una Base de Datos,.
2) Cargar el archivo creado en la página Web de Correos, la cual generará un código de identificación para cada carta, formando un nuevo archivo.
3) Se imprime la Relación de Correos e importaremos el archivo creado a nuestro ordenador.
4) Mediante documentos de combinación de correspondencia podremos imprimir los Acuses de Recibo, Sobres o etiquetas, INCLUYENDO EL CÓDIGO DE IDENTIFICACIÓN DE CERTIFICADOS (el código de barras o el numérico)


PROGRAMAS A UTILIZAR

ACCESS, (bases de datos)
BLOC DE NOTAS
WORD
ACROBAT
CONEXIÓN INTERNET.

(Lo normal es que los tengamos todos instalados en el ordenador, salvo ACCESS, así que te toca pedir a los amables chicos de informática que lo instalen).

viernes, 6 de junio de 2008

JUSTICIA NEWS ÁVILA 06/06/08


MARIANADAS


El ministro considera que 'el 60 por ciento de los españoles no tiene opinión' sobre la Justicia porque 'nunca ha comparecido ni ha tenido un problema'

Preguntado sobre la falta de confianza de los ciudadanos en la Administración de Justicia, el ministro consideró que 'el 60 por ciento de los españoles no tiene opinión' sobre la materia porque 'nunca ha comparecido ni ha tenido un problema dentro de la Justicia'. Por ello, cree que 'hay una opinión', que es la proyectada por los medios de comunicación.


Toma ya lógica Pitagórica. Gracias, D. Mariano por sacarnos del error de pensar que, precisamente, una de las virtudes y funciones de la Prensa es esa: contribuir a la formación de una opinión pública libre y democrática.

Vamos a ver si lo he entendido bien. Yo llevo varias semanas que no duermo pensando, por ejemplo, en la problemática de la pesca de la anchoa. Sin embargo mi preocupación viene dada por las noticias que han reflejado los distintos medios de comunicación sobre la escasez de los susodichos bichos, la sobrepesca, etc. Entonces ¿Qué pasa conmigo? ¿estoy inhabilitado para opinar del asunto?. Para poder hacerlo ¿debo llamar inmediatamente a la Cofradía de Pescadores de Santurce y pedirles que me dejen embarcar en algún pesquero un par de meses?

De la misma forma, a toda esa panda de hippies que se manifiestan contra el sano y lúdico deporte de la caza, habría que cerrarles las bocazas. Seguro que nunca han sentido el indescriptible placer que se siente al volarle la cabeza a un fiero cérvido. Con seguridad sus débiles mentes habrán sido deformadas por la nefasta influencia de cierta prensa, o peor aun, por la lectura de libros.

Y sobre todo, D. Mariano, no se a que espera Vd. para modificar la Ley Electoral. Que sólo puedan votar aquellos que acrediten fehacientemente haber asistido a mítines (a poder ser de los suyos) durante la campaña electoral. La opinión de toda esa masa de borregos que deciden sus opciones informándose a través de los medios de comunicación, sin duda no merecen ser tenidas en cuenta.

OBSESIÓN


Han vuelto las pesadillas, la melancolía, esa angustiosa opresión en el pecho. Vera Vd., nací en los primeros años sesenta en una familia de clase media y recuerdo una infancia feliz. Sin embargo un luctuoso hecho nos marcó a toda una generación… ¿Qué dice Vd. de Kennedy y Hendrix?... no, mire, me refiero a la muerte de la mama de Bambi. Años de terapia intensiva, autohipnosis y manguerazos de agua helada fueron necesarios para superar aquel trauma. Y de repente, años después, la visión de una fotografía ha hecho que todo se derrumbe. Me despierto por las noches empapado en sudor. Ayer me mee en la cama y mi señora amenaza con un divorcio express. Ya sé que el electroshock no se estila, pero lo necesito. Esta mañana me introduje dos cables pelados en la nariz, pero sólo conseguí que explotara la nevera. ¡Necesito ayuda señor doctor!

ANECDOTARIO JUDICIAL (Y 2)
Parece que la nueva sección ha gustado a nuestros amables lectores y ya estamos recibiendo confidencias y chismorreos de todo tipo. Lo que vamos a contar, más que una anécdota graciosilla, es un buen ejemplo de las penurias de los Juzgados y Tribunales en el desempeño de su labor cotidiana, así como la absurda situación que supone la existencia de disposiciones legales imposibles de cumplir debido a la desidia e inoperancia, en este caso, del Ministerio de Justicia.

¡LUCES… CÁMARAS… ACCIÓN!

Hace unos días la Comisión Judicial de uno de los Juzgados de los de esta de esta ciudad, se desplazó a una localidad de la provincia para proceder a la práctica de un “Reconocimiento Judicial”, estando acordado igualmente, tal y como previene la LEC, llevar a cabo in situ las testificales y periciales. Así que en marcha, Juez, Secretario y Auxiliar, Letrados, Procuradores, 2 peritos, nutrido grupo de testigos, etc… Una vez en el lugar de marras, parece ser que una de las Letradas se sorprende de que, tal y como EXIGE la Ley, no se registren las actuaciones en “soporte apto para la grabación y reproducción del sonido y de la imagen” (art 147). Todo el mundo se mira en los bolsillos, pero parece que nadie lleva una cámara encima. Así que se decide suspender el acto, suponemos que en previsión de que, caso de recurso, la Audiencia decretase una nulidad como la copa de un pino.
Si, ya veo en alguno de nuestros lectores, curtidos en mil batallas procesales, alzar una ceja con aire de entendidos: “¿que tiene esto de raro?, todos los días se suspenden actuaciones por mil razones”. Bueno, pero las cosas hay que situarlas en su contexto (me encanta esta palabra, en cuanto puedo, la cuelo). Porque Sres. míos, el reconocimiento era en ¡ARENAS DE SAN PEDRO!, 110 Kms de carretera nacional de las de antes: con sus puertecitos y sus curvas propicias para echar los hígadillos. Allá, en el valle del Tiétar, que si pegas un brinco ya estás en la provincia de Cáceres. Tres horitas mínimo de viaje, toda una mañana perdida para nada.

Ocho años en vigor de la LEC y parece que a ninguno de los próceres ministeriales se les ha ocurrido dotar de una videocámara a las sedes judiciales. Y, hombre, tampoco hace falta que sea de esas de no-se-cuantos píxeles, que permiten ver hasta las espinillas de la nariz, con una de prestaciones sencillitas sería suficiente (por cierto, acabo de ver en un catálogo una que graba con calidad DVD por ¡49 Euros!). Y tampoco se les pide imaginación, sólo que echen un vistazo a lo que dice la LEC en su Disposición Adicional Tercera: En el plazo de un año, a partir de la aprobación…el Gobierno de la Nación y los Consejos de Gobierno de las CCAA… adoptarán las medidas necesarias para que los Juzgados y Tribunales dispongan de los medios materiales… precisos para la constancia de las actuaciones orales, conforme a lo dispuesto en el art. 147… ¿y cuando entró en vigor? ¿no fue allá por el año 2001?

Suponemos que, como nos pasaba en el colegio con los libros de texto, al estar estas disposiciones al final de la Ley, pues no se “dan”. ¿Alguien recuerda, ocho años después, que en la Disposición Final Decimoctava se dice que “En el plazo de un año el Gobierno remitirá a las Cortes Generales un proyecto de Ley sobre Jurisdicción Voluntaria”?

domingo, 1 de junio de 2008

ANECDOTARIO JUDICIAL




Una Sala de Vistas no suele ser la alegría de la huerta, ya sea porque los temas que se abordan muchas veces son tremebundos o, simplemente, soporíferos. Ahora, eso sí, uno puede salir capacitado para escribir una tesis sobre la “influencia de los osteocitos en los dolores lumbares” o aprender que el mortero monocapa no hay que aplicarlo cuando hace un frío que pela.

No obstante en algunas ocasiones salta la chispa y se producen situaciones hilarantes. Seguidamente les ofrecemos un par de ejemplos de ello ocurridos en los Juzgados de Ávila. Ambos verídicos, doy fe.

MOTES Y UN LETRADO EN APUROS.

Audiencia Previa en juicio civil ordinario. Se trata de un pleito entre promotoras y constructoras en el que se juega mucha, pero que mucha pasta. Abundantes Letrados, Procuradores y público. Uno de los Letrados, de edad avanzado y aspecto circunspecto, se encuentra proponiendo su prueba y en un momento dado manifiesta que desea sean citados judicialmente un par de testigos (subcontratistas que realizaron la fontanería e instalación eléctrica), pero que, ignora sus nombres y domicilios; que sólo conoce la localidad donde viven. La magistrada le dice que exponga los datos de que dispone y ya se verá si es posible su citación.


El Letrado sigue disculpándose y, evidentemente azorado, pide excusas al Tribunal y manifiesta que el fontanero de marras es del pueblo “x” y que se llama “EL CULÓN”. Aparece una ligera sonrisa en todos los rostros y el Letrado, a estas alturas algo colorado, sigue pidiendo excusas y dice que el segundo testigo es electricista, del mismo pueblo que el anterior, “…que responde al nombre, con perdón, de EL CHOCHO”. Aquí la carcajada entre los presentes es ya general y bastante estentórea.

La papeleta se la encuentra al día siguiente el funcionario encargado del correo al recibir ambas cédulas de citación. ¿Cómo las mando? Decide tirar por la calle de en medio y pone en los sobres: “Al vecino de la Localidad conocido como “El Culón” y en el otro caso “…como el Chocho”. Ambas citaciones llegaron a su destino. Un aplauso por los Carteros de pueblo

EL JABALÍ FANTASMA

Juicio sobre un accidente de tráfico ocurrido por el choque contra, supuestamente, un jabalí. Un pasajero del vehículo siniestrado, en calidad de testigo, es interrogado por el Letrado que representa al Coto de Caza que figura como parte demandada. Como el accidente fue de noche y no apareció el cadáver del bicho, todo su empeño es que no se puede acreditar que el accidente lo produjera un jabalí y, por tanto, el coto se encuentra exento de responsabilidad. Así que le pregunta al testigo una y otra vez en tal sentido: Que cómo sabe que era un jabalí; que si es posible que fuera una vaca o un perro grandote; que si lo buscaron, etc. El testigo dice, una y otra vez, que vieron las huellas y rastros de sangre, pelos de jabalí en el paragolpes del coche, que aunque buscaron en los alrededores no lo vieron, pero podían oírle moverse entre la maleza, oyendo sus gruñidos, etc. El letrado sigue insistiendo machaconamente sobre lo mismo, y el testigo, un chico joven de un pueblo de la zona y al que suponemos familiarizado con la fauna cinegética, parece que se harta del asunto y colocando de una forma peculiar los dedos sobre su boca y nariz dice: “sé que era cochino porque sonaba así…GROINGGGG…” un espeluznante gruñido cerduno retumbó en toda la Sala de Vistas. Las carcajadas se apoderaron de todos los presentes al tiempo que la Magistrado, conteniendo a duras penas la risa, le pide al testigo que se siente, dándoles las gracias por ser tan explícito. El letrado se queda con cara… ¿cómo decirlo?... ¿de tonto?
Vaya, parece que no ha tenido mucho éxito el vídeo del enajenado Gran Maestre Bellaco y además no se entendía nada. Lo admitimos, era una chorrada y aunque no decía nada del otro mundo, transcribimos su chiflado discurso:

“Hermanos en la fe Bellaca, se que estáis afligidos… por los ataques de ese cura fascista de mierda… ¡Padre Sotanillos!... Sotanillos.
Pero ahora que estamos a punto de alcanzar las más altas cotas de la bellaquería, el nirvana bellaco, no podéis cejar, tenéis que resistir, chupar, absorber los jugos de esa panda de inútiles huelgueros… no hay que tener piedad, no hay que tener pie.. hay que machacar, hay que chupar.
Hermanos… hermanos… hermanos, no podéis rendiros ahora…. Saludos hermanos…. Que le den al padre Sotanillos y a su monaguillo el Sr. Petit.
Saludos hermanos.”


PARA OIRLO PINCHA AQUÍ: http://www.goear.com/listen.php?v=6305daf

Tras leer el comentario de un lector sobre aportar ideas para la mejora de la Administración de Justicia y el ejemplo de tener que realizar el correo a mano, uno de nuestros redactores pegó un un bote. No es para menos, hace tiempo decidió que ya estaba harto de escribir a mano los datos de las cartas tres veces (sobres, acuses de recibo y relación) y tener que pegar las coñazas pegatinas amarillas. Así que utilizando unas básicas herramientas, informatizó todo el asunto, de tal manera que ahora sólo tiene que introducir una vez los datos en una sencilla base y a partir de ahí imprime todos los documentos, incluido los códigos de identificación de correos. Además le queda una bonita base de datos que le permite saber con un par de golpes de ratón si tal citación ha salido, etc. Llegó incluso a realizar un tutorial que repartió por los Juzgados de Ávila, con el resultado esperado: nadie le hizo ni caso.

Estamos terminando de pulir un poco el tutorial y en unos días JUSTICIA NEWS tendrá la gentileza de ofrecer a nuestros lectores el sistema que utiliza, junto con los archivos necesarios.

A continuación se muestra como quedan los sobres y acuses de recibo:




Así quedan los sobres

Así quedan los Acuses de Recibo

Etiquetas adhesivas para sobres grandes

domingo, 25 de mayo de 2008

NUEVA INFORMACIÓN DE NUESTRO TOPO EN EL MINISTERIO

Nuestro "Garganta Profunda" infiltrado en el Ministerio, ha conseguido interceptar el servicio clandestino de comunicaciones de los fontaneros ministeriales, conocido por el nombre en clave de "Chindasvinto".

Nos remite un elocuente e inquietante vídeo que publicamos a continuación. Sin comentarios.






domingo, 18 de mayo de 2008

JUSTICIA NEWS ÁVILA 19-05-08


























LA MORAL CRISTIANA Y LOS PAC.
Por el Reverendísimo Padre Sotanillos.

Como ya dijo Porfirio de Alejandría, Doctor de la Iglesia, en su Primera Carta a los Bellacos: “Omnes haeretici fellatio huelguerum est”. Es decir, “por cuatro duros, vendo mi alma, mi conciencia y de paso, a mi madre si hace falta y al resto, que les den”. Y tal afirmación viene pintiparada a la actual situación de confusión teológica sobre qué miembros del rebaño son merecedores de alcanzar la Gracia Divina de los PAC. Fácil solución tiene esta pregunta, puesto que una de las virtudes teologales intrínsicamente vinculadas a los PAC, es (o debería ser) el denominado por los antiguos paleocristianos “huelgum”, es decir, el haber sometido la conciencia y el cuerpo serrano a dos meses de ayuno, meditación y pérdida de caudales, resistiendo además las tentaciones y/o amenazas del Belcebú Ministerial. Sí, ya sabemos que en la Instrucción Satánica de los PAC, digno de figurar en el Índice de Libros Prohibidos y sus autores arrojados a las llamas de la condenación eterna, se concede bastardamente ese derecho Celestial a los Bellacos. Pero siendo estos también Hijos de Dios, confiábamos que dieran muestras de tener una conciencia ética más elevada que la de un mandril.

Sin embargo, estamos asistiendo con estupor al hecho, inmoral e indecente a todas luces, de ver cómo miembros de la cofradía bellaca pretenden alcanzar la tierra donde mana leche y miel, sin haber realizado previamente la travesía del desierto. ¿Qué pecados capitales mueven a tales sujetos a, sin matices, ciscarse en aquellos exhuelgueros que por voluntad Divina, se han visto privados de gozar de tales deliciosos frutos en su propio entorno celestial?… ¿la gula?, ¿la codicia?, ¿la lascivia? ¿la cabronería congénita? Por que, ¡oh hermanos en la fe!, ya no se trata de que tales pecadores muestren una actitud pasiva ante el sacrificio ajeno, sino que, en virtud del don del libre albedrío, han realizado (o se prevé que los realicen) actos torpes y horripilantes ante los ojos de Dios y de los hombres para satisfacer sus mas bajos instintos bellaquiles.

Y al pan, pan y al vino, vino. ¿En que Parroquias están sucediendo tan execrables sucesos? Pues nos han llegado nuevas de que en los Juzgados Mixto 1 y Penal son abominaciones consumadas y respecto al de Menores, estamos a la expectativa.

En tropel acuden al confesionario exhuelgueros privados de los místicos PAC, buscando consuelo y auxilio espiritual e inflamados de justa ira contra aquellos bellacos que, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, se han adherido a los mismos. Y este humilde capellán se debate en la duda moral de aconsejarles que busquen la respuesta en Dios, ¿Pero en cúal?, ¿el blandorro que nos pide “poner la otra mejilla”? o ¿el dantesco Yavhé de las siete plagas y del “ojo por ojo y diente por diente”? Meditemos todos juntos sobre ello, hijos míos.
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AGUDEZA VISUAL: Adivine en menos de un segundo cúal de estos personajes representa a un bellaco recalcitrante, y cúal a un exhuelguero sin PAC.

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ECOS DE SOCIEDAD


Se habla, se comenta, se rumorea, sobre los elogios que, por parte de las féminas, esta recibiendo el nuevo “look” capilar del ínclito Sr. Petit. Que si “parece más joven”, que si “ahora tiene cara de niño”… Uhm… ¿no será una nueva técnica para despertar en ellas el instinto maternal y así poder desplegar más fácilmente sus ataques de depredador sexual?

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NATALICIOS

Nuestra enhorabuena a D. Bernardo y Señora, que han sido recientemente padres de una hermosa criatura. Disfruta ahora Bernardo, que lo jodido empieza cuando cumpla los 14 años. Ya verás como por ensalmo pasas de ser su “héroe” a ser “el pesao”. Al tiempo







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