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jueves, 4 de diciembre de 2008

ANECDOTARIO JUDICIAL: SOBRE ALGUNOS PATRONÍMICOS.


¿Se ha quedado Vd. alguna vez sin respiración intentado pronunciar en voz alta y de corrido determinados apellidos de ciudadanos de la Europa del Este? Pues esto le suele pasar a más de un Auxiliar Judicial cuando se asoma a la puerta de la Sala de Vistas y llama a los participantes en un juicio. Nadie podría imaginarse que existieran tantas consonantes en el alfabeto... ¡y que pudieran ir todas juntas!

Por otro lado, es inevitable en más de una ocasión no dejar de sorprenderse con los nombres propios que ostentan muchos paisanos latinoamericanos. No obstante uno puede entender aquellos que, como Washington o Lincoln, encarnan una serie de valores positivos: libertad, emancipación, etc. Incluso aquellos otros patronímicos que, inevitablemente, asociamos a telenovelas cursilonas o a adaptaciones más o menos conseguidas de nombres anglosajones. La televisión y el Imperio tienen una influencia formidable. (Por supuesto en España no hemos sido ajenos a este fenómeno)

Pues bien, todo este rollo nos sirve de introducción para contar un chascarrillo al respecto.

Comparece un natural de un país hermano del otro lado del Atlántico en el Juzgado de Guardia para realizar una presentación quincenal. El funcionario que atiende la ventanilla sin levantar la vista del ordenador le pide con gesto rutinario el NIE. Se pone a tecletear los datos que constan en el mismo: "Veamos, apellidos"... digamos que unos de rancio abolengo castellano de uso común. "Nombre"... ¡HITLER!... sobresaltado levanta la vista y, afortunadamente, el fulano no luce flequillo ni un característico bigotito. De hecho no tiene ninguna pinta teutónica. Más bien es bajito y con una simpática cara coloradota. Se acaba de tranquilizar del todo cuando comprueba con alivio que el Sr. Hitler firma por unas Diligencias Previas que se siguen, por ejemplo, en un Juzgado de Albacete y no en el Tribunal de Nuremberg. O en el Central de Garzón, ya puestos.

Y nos preguntamos ¿Qué narices puede llevar a unos padres, allá en el Altiplano, a imponer ese nombre a su hijo? La única explicación que se nos ocurres (aunque nos cueste) es la ignorancia respecto a lo que representa. Quizás lo oyeron en alguna parte y les sonó bien.

Aunque sí de lo que se trata es de ser original, no deja de ser una buena idea. Yo a mi próximo hijo, si es niño, le llamaré Belcebú, Pilatos o Judas. ¿Y si es niña?... ¡pues como su madre!

1 Comentar:

Anónimo dijo...

¿La madre de quién?, ¿de la niña? ¿de Belcebú? ¿de Pilatos? o ¿de Judas? y en este último caso ¿Iscariote o Tadeo?

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