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martes, 8 de diciembre de 2009

El cafe. Mentiras y exageraciones sobre un producto sobrevalorado




Tenemos el placer de ofrecerles a continuación una nueva y surrealista colaboración del Tramitador Enmascarado (más conocido por el Sr. Petit), que nos escribe desde el frenopático.


Yo no sé quién inventó el café, ni falta que hace puesto que en el Mercadona lo tienen, y creo que en el Carrefour y en algunos chinos también lo venden.

El café tiene cafeina (más adelante volverenos sobre la cafeína y explicaremos detalladamente su naturaleza y características) y huele a café. Viene envasado en bolsitas, y acostumbran a presentarlo en grano o molido. Yo lo compro molido y me despreocupo de molerlo. Una vez lo compré en grano y al no tener molinillo recuerdo que me enfadé mucho. Cuando me se me pasó el cabreo lo molí yo mismo, con el uso de las uñas que crecen en los pies; previamente desinfecté el café.

De todas formas hay que advertir al consumidor que en la actualidad se comercializa también café sin cafeína (ahora no toca, primero estoy dando unas notas de interés general y luego a degüello con la cafeína), que una vez comprado, ante la imposibilidad de inyectarle la cafeina es necesario volver al establecimiento para proceder a su cambio. Históricamente se clasifican las distintas variedades en: cafe con leche, solo, cortado y de desayuno. La cafeína, es la madre del cordero, porque por mucho que mires el grano de café es imposible identificarla. Más allá de esto y del efecto estimulante que se le atribuye hay poco más que añadir.

Uso social del café. Debido a sus propiedades estimulantes suele tomarse por las mañanas y después de las comidas y también es muy popular su consumo en las cafeterías cuando el consumidor no tiene clara la elección. Hay gente que lo toma a cualquier hora e insiste en decir que no le saca el sueño. Bueno.

Algunos estudiantes lo utilizan para aprovechar la noche anterior del examen y hacer las chuletas. En mi caso la noche anterior a los exámenes, fueran parciales o finales, las reservaba para mantener relaciones sexuales consentidas con mis compañeras de clase. Reconozco que mis resutados académicos fueron mediocres, pero guardo un entrañable recuerdo de mi etapa estudiantil. Y para no desentonar me tomaba un cortadito, así sí desentonaba le echaba la culpa al puto cortadito.

En un momento que la comunidad científica no alcanza a concretar, se popularizó también el uso del café por parte de los trabajadores asaliariados, que al descubrir el plus de concentración y actividad que les reportaba el café de media mañana, lo incorporaron a su rutina. Décadas después y obligados por los jefes de negociado, que habían ya oído de los fabulosos efectos de la cafeína, los funcionarios fueron obligados a abandonar sus puestos de trabajo para tomar también un tacita de café. El efecto fue demoledor, muchos no volvían hasta el día siguiente, y otros lo hacían con un enorme síndrome de abstinecia que hacía obligado que tomasen otro cafe.

Últimamente está surgiendo con fuerza la tendencia , sobre todo en los países más desarrollados, que es la del ir a tomar el café solo. Parece ser que la gente se ha hartado de tener que compartir esos momentos tan personales con compañeros que no le aportan nada y, aprovechan, alertados por la baja natalidad que hace peligrar las pensiones, para cortejar a las camareras de origen sudamericano o ruso.

Confío que esta breve narración haya sido de su agrado, y aprovecho para recordarles que Juan Valdés (que actualmente cumple condena en una cárcel federal norteamericana) se acompañaba, no de un burro, sino de una burra, que muchos sitúan, después de la caída en desgracia de Juan, en la Gerencia de ....

El Sr. Petit.

2 Comentar:

Anónimo dijo...

Muy bueno, hay que reconocer que a partir de ahora miraré al cafe de distinta forma.

Funcionario's blog dijo...

Lo mismo digo. Un saludo.

PD. Eso, eso, a ver si empezáis a dar cancha al consumismo, que esto de desarrollar el intelecto es una ideología sobrevalorada.

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