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lunes, 28 de diciembre de 2009

Propuestas accesorias a la Nueva Oficina Judicial.

El eminente tramitador-profesor Melquiades Spotfy, miembro fundador del Centro de Estudios Covachueleros y celebrado autor de los ya clásicos ensayos "Uso y abuso del gerundio en autos y providencias", "La poesía de la Generación del Veintisiete y su influencia en la Ley de Enjuiciamiento Civil",  "Breve historia del insulto y su tratamiento penal: del bellaco malandrín al me cago en tus muertos"  entre otros, acaba de presentar sus propuestas para la NOJ. Seguidamente les ofrecemos una breve resumen de la erudita conferenca que ofrecio al respecto en una conocida tasca de esta capital:











¡Se acabaron las críticas  al merecido cafelito de media mañana! Con el sencillo artefacto que les mostramos los funcionarios podrán disfrutar hasta el último segundo de la tertulia cafeteril. Observen la cara de satisfacción de estas dos bellas gestoras que, mientras saborean sus churros, contemplan los últimos modelitos expuestos en los escaparates. ¡Y sin retrasos al reincorporarse a su puesto de trabajo! 









Desengáñense. La principal razón de cabreo que sienten los ciudadanos que visitan un Juzgado viene dada por la frustación. Acostumbrados a ver esos "Gran Jurado" del cine norteamericano, los tribunales españoles les parece una filfa. Para empezar, habría que aumentar la altura de los estrados de las salas de vistas, o mejor aún, sentar al Juez en una silla de esas que usa el árbitro en un partido de tenis. Luego está el ropaje de los funcionarios. Yo propongo el uso obligatorio de algo clásico a la par que elegante. Vean a la izquierda como mejora el tramitador Sr. Petit ataviado con una chaqueta vintage, pantalones de satén, chistera y paraguas a juego. Seguro que de esta guisa no le chilla ninguna vieja por retrasarse ocho meses en la tramitación de un expediente de dominio. Incluso puede que acabe pidiéndole en matrimonio o regalándole una caja de puros.






¡Hum!, entramos en un terreno peligroso: la vestimenta de ellas. Optamos por los extremos. Lunes, martes, miércoles y jueves, conjunto de chaqueta y bermudas cangrejeras, complementado con sombrerito de segadora y vergajo. ¿Vd. se atravería a decirle con gesto huraño a la funcionaria de la derecha "señorita, llevo una hora esperando a que vuelva Vd. de tomar café"? Yo, no.









Y los viernes... ¡así!


(Les recordamos a las señoritas funcionarias que esta redacción no se hace responsable ni tiene por qué compartir las opiniones del profesor Spotfay)








La Instauración de los Juicios Rápidos ha provocado en muchos casos la saturación de los Juzgados de lo Penal que han de ejecutar las correspondientes sentencias. Planteo la transformación de aquellos en juicios súbitos. Para ello se dotará a todos los Juzgados de Instrucción del cerebro electrónico Juiciotrón, fruto del trabajo del Doctor Von Locovich de la Universidad de Praga en colaboración con el ex-ministro Bermejo.



Se introducen las pruebas de cargo por la ranura de la izquierda, ya sea la caja de langostinos congelados que ha birlado el imputado del hipermercado o la botella de mojito vacía que llevaba en el asiento del copiloto cuando le paró la benemérita; los escritos del Ministerio Fiscal y de la Defensa por la de la derecha...  ¡y se pulsa el botón!  En 3,5 segundos se dicta y publica la  sentencia, salta un resorte y...  ¡KAPOW! ... se ejecuta. Arriba pueden contemplar la cara de satisfacción de los funcionarios del Juzgado de Instrucción nº 1 por el buen funcionamiento de la aplicación en un caso real de hurto y podemos observar el momento en el que un sonriente y bigotudo Gestor se dispone a darle caña al sistema. El acusado es el fulano que lleva pajarita, por si no se habían dado cuenta. 


















¿Cúal es uno de las tareas que más  navajazos, insultos y tirones de pelo provocan en un Juzgado?... exactamente, atender el teléfono.  Y para resolverlo, urge la introducción del aparetejo que pueden contemplar en la imagen superior izquierda. Este maravilloso receptor telefónico brinca de una mesa a otra sin interrupción, deteniéndose sobre aquella en la que intuye que el funcionario se dedica a la vida contemplativa o detecta  falta de actividad cerebral en el sujeto. ¡Se acabó eso de hacerse el sueco para no atender las llamadas! Además es botijo con alta eficiencia energética, da la hora exacta de Nueva York, Londres o Pernambuco y lanza insultos en siete idiomas.


Otra actividad odiada por cualquier funcionario decente es el estampillado con sellos entintados, ya sean los clásicos o los autoentintables. Pues bien, el  Chisme que les presentamos (parte superior, derecha) es capaz de estampar treinta sellos por segundos: "urgente", "prescindible" "cagando leches", "¿Qué coño hago con esto?", "habla mudita".... no tiene límites. Y no termina ahí la cosa, también tiene utilidad para rallar queso o escurrir los macarrones.


                                           El pundonoroso profesor Spotfay.
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