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viernes, 7 de noviembre de 2008

¡SE ACABÓ LA FIESTA!

No puedo demorarlo más. Hace un rato el cajero automático ha triturado mi última tarjeta de crédito y enseguida comenzaré a recibir llamadas telefónicas de financieras con extravagantes nombres. De poco vale culpar a banqueros, empresarios, promotores, especuladores, políticos y demás criaturas depredadoras de la puñetera crisis, además ¿no se supone que soy una persona adulta? ¿no me uní alegremente a esta orgía desenfrenada?

¡Ah!, qué tiempos aquellos en los que en el Banco me hacían sentir como el Sultán de Brunei y afirmaban que “no fuera tonto”, que era una estupidez dar una entrada tan gorda; que no había ningún problema en hipotecar por una cantidad mayor y, además, “¿no ha pensado que Vd. y su esposa se merecen unas vacaciones en Cayo Coco?” Como charlatanes de feria desgranaban que estaban dispuestos a darme, no el 80, ni el 90, ni siquiera el 100, sino el 120% del valor de tasación, porque “sabemos que una vivienda nueva trae consigo muchos gastos”. Además, me decían en confianza, “el color de su coche no hace juego con la fachada de la casa” y “no querrá que sus nuevos vecinos piensen que es Vd. un pobretón, ¿no?” “querrá que le inviten a las barbacoas”
Y yo, como un gilipollas, no les dije que no. Hice entrega de una birria de dinero para la entrada y me fui a ese sitio hortera 15 días. Y me compré la tanqueta-vive-la-aventura más grande que había en el concesionario, sobre todo para restregársela por las narices a la bruja de mi cuñada. Por supuesto regalé todos mis viejos muebles (en perfecto estado de revista) y electrodomésticos a un fulano que pasaba por allí y me traje media tienda de Ikea. Y me compré un televisor de plasma más grande que una mesa de ping-pong. Y la mesa de ping-pong, también. Y como a mi mujer no le gustaba el color de las habitaciones, las volvimos a pintar, y ya puestos, cambiamos los inodoros por unos de estilo zen. ¿Los muebles de la cocina?, ¡a la basura con ellos! Instalamos una italiana de diseño que da pena cocinar en ella. Que sí unos molduritas por aquí, que una tarima de nogal por allá… y un pastón en enanos-de-diseño-exclusivos-pintados-a-mano para el jardín y la terraza. Vamos, que prácticamente tiramos la casa abajo y la volvimos a hacer.

¡Tempores jocundus! Con que alegría me compre aquel chándal superfashion y una mega-pala profesional para estrenar adecuadamente la flamante pista de padle, aunque he de admitir que sólo la pisé aquella primera vez. ¡Para que vamos a engañarnos!, lo mío es el mus. Por no hablar de la bicicleta de aleación de poliuretano y accesorios en acero nikelado que era una auténtica virguería, tan nuevecita. Y lo sigue estando, ya que al subir la primera cuesta  casi escupo un  pulmón, así que no la he vuelto a tocar.

Estoy pensando muy seriamente proponer en la próxima junta de propietarios cubrir la piscina y utilizarla para cultivar champiñones (total, cuando se mete la gorda del 5º, ya no cabe nadie más) y en cuanto a las zonas ajardinadas ¿qué tal unas bancadas con patatas y cebollinos? ¿o quizás criar un par de cerdos?

Finalmente estoy en el Banco… y el simpático empleado que siempre me atendía con una amplia sonrisa, me daba palmaditas en la espalda e incluso se interesaba por la salud de mi suegra, ahora me mira con gesto adusto y permanece impasible sentado tras su escritorio mientras le cuento una milonga. Observo con extrañeza que mantiene su mano derecha sobre la superficie de la mesa, muy próxima a una abultada carpeta, bajo la cual asoma ligeramente lo que parece el cañón de una Magnun calibre 44. Será por sí pretendo pedir dinero… digo yo.

2 Comentar:

Anónimo dijo...

Muy bueno, has recuperado la gracia que hacía tiempo habías perdido, me ha gustado y me has hecho reir como ya no recordaba. Sigue así.

Funcionario's blog dijo...

Creo que coincidimos en una cosa, y es en dejar bien claro que el culpable de estar medio arruinado es uno mismo.

Mucha gente que está hasta el cuello en hipotecas que no puede pagar (principalmente por lo de pedir el 120% de un piso que queda muy lejos de sus posibilidades) porque lo han decidido ellos.

Lo que pasa es que también había una cierta coacción social para que la cosa fuese así. Yo recuerdo muchos amigos míos que se metieron "porque la vivienda no baja nunca, y mañana estará peor", lo que contribuyó a hinchar aún más la burbuja inmobiliaria.

De todos modos, aún hoy mis amigos me dicen que hicieron buena compra, porque ellos compraron entre 2002 y 2004, y a fecha de hoy los precios están como en 2006 (cosa que es uno de los motivos para que el sector inmobiliario esté prácticamente parado y no se pueda dar salida al stock de pisos sin vender).

Pero, bueno, vosotros sois gente inteligente y sabéis que, en una sociedad patriarcal y de mentalidad rural como la española, el poder del grupo sobre el individuo (lo que, en términos generales se llama "alienación", y que también se podría calificar de "laminación selectiva") en lo que a conceptos patrimoniales se refiere está muy desarrollado.

La entrada es genial, por otro lado.

PD. Que sepáis que a los cajeros automáticos ya los han dotado con Magnum 44 también, más para disuadir a la gente de ir a sacar dinero que para realmente querer matar a alguien (porque, ¿quién va a devolver el dinero si esto sucede?)

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