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domingo, 17 de abril de 2011

Los casos del Inspector Pomeroy: El armario

8.30 horas AM. Ceferino, vigilante de seguridad  de los Juzgados de Sevilla, descubre horrorizado a su compañero Melquiades inconsciente en los servicios de señoras. Un tomazo de jurisprudencia del Tribunal Supremo parece ser el arma utilizada para dejarle K.O.

8:35 AM. Pistolón en ristre, recorre las dependencias judiciales. Observa algo extraño en el  armario donde se custodian  las actas del Gobierno Andaluz. Tras diez minutos de minucioso examen, se da cuenta que ha sido sustituido por el embalaje de un frigorífico no-frost. Ni rastro de las actas.

8.45 AM. Se procede al  visionado de  las grabaciones de las cámaras de seguridad sin resultado positivo: sólo contienen un espeluznante publireportaje del Ministerio sobre la Nueva Oficina Judicial.
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     El inspector Valdemar Pomeroy, sospechando que el sillón pueda estar envenenado, lee el informe sentado en la posición del loto sobre el escritorio del despacho de la magistrada de Instrucción nº 6. Previamente ha recorrido las oficinas y observado a los funcionarios, semiocultos tras columnas de coloreados expedientes.

     -¡Humm!... he de reconocer que para resolver este enigma lo primero fue plantearme la clásica cuestión de ¿a quién beneficia el escamoteo? Resulta obvio que la banda del gobierno gazpachuelo sacaría unos buenos réditos del escándalo. ¿No se había alcanzado el pacto de no examinar las actitas hasta que resolviera el entuerto el Tribunal de Conflictos Jurisdiccionales?  Sería la excusa perfecta para acusar a la Juez de estar untada por el clan de los caraculo, más conocidos por los bocanegra. Eso tiene sentido. Sería una buena campaña de desprestigio. Sobre todo tras advertir que la cabeza de caballo que habían depositado en un cajón del escritorio de la magistrada no había surtido los esperados efectos disuasorios

     “Por otro lado, el gang de los caraculos también saldría beneficiado si se divulgara el contenido de las actas. Sería un bombazo leer en los medios como los gazpachuelos seguían inyectando montones de pasta (y no de macarrones precisamente) en los ERE´s a pesar de las advertencias de los interventores sobre el cachondeo en la gestión. Por no hablar de los chistes que se contaban sobre Zapatero en las juntas de gobierno.

     “Sin embargo, una simple observación de la oficina me ha convencido que la respuesta es mucho más sencilla. Mi amplia experiencia me dice que en los Juzgados y Tribunales por un quitagrapas se difama, por una silla ergonómica se vende a la madre, por una mesita auxiliar se mata… ¿que no se hará por una hermosura de armario como el que ha desaparecido? Efectivamente, algún funcionario debió enloquecer al contemplar la apetecible pieza de mobiliario y decidió embargarlo,  nombrandose así mismo depositario. Yo apuesto por el tramitador calvo y tez grisacea que se sienta al fondo a la derecha. ¿No han observado lo despejadita que tiene la mesa? ¡Sí hasta se le ve la cabeza! Eso significa que ha encontrado la manera de tener guardados los  expedientes en algún sitio y no apilados sobre el escritorio o desperdigados a su alrededor… ¿y que mejor lugar que esa pocholada de armario? Lo habrá camuflado de alguna manera; puede que le haya cambiado el color pintándolo con un rotulador Edding 3000 permanente, quizás envolviéndolo en posters de gatitos.

    “En cuanto a las actas… seguro que les habrá prestado la misma atención que a un informe pericial de parte; estarán en algún polvoriento rincón de los archivos o puede que una dependencia donde no vaya nadie. Yo miraría en la biblioteca.

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