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miércoles, 22 de septiembre de 2010

SÍNDROME POSTVACACIONAL


Al igual que la caída de las hojas nos indican que se acerca el otoño, dos acontecimientos señalan el final de las vacaciones veraniegas: Los Kioscos de prensa se llenan de coleccionables y todos los periódicos, televisiones, etc. dedican un reportaje sobre el, ¡tachán!... Síndrome Postvacacional. Y nosotros nos hacemos una pregunta ¿afecta este problema a un gran número de funcioneros judiciales? Y sí es así ¿esta Gaceta no está obligada por su código deontológico a intentar ayudar a todas esas criaturas potencialmente majaretas?

Por supuesto que sí y para ello hemos echado un vistazo a un gran número de artículos sobre el tema, y aunque no hemos encontrado ninguno que hable específicamente del personal de la Administración Pública, extrapolando los datos, podríamos decir que el número de afectados entre los funcioneros judiciales puede ser del orden del 35%, aunque un estudio patrocinado por la Asociación de Cerveceros de España (no es coña) lo eleva al 50%. Sin embargo, en el estudio de campo que hemos realizado esta misma mañana, hemos podido observar en la mayoría de esos rostros con bronceado ideal, que las sonrisas acaban en un rictus y sombras oscuras tras sus miradas ausentes Lo que nos hace temer que la pandemia puede ser generalizada.
Al igual que los borrachuzos y los drogotas, lo primero que tiene que hacer el postvacacionero funcionarial es reconocer que tiene el bicho, pero ¿cuáles son sus síntomas? Los veremos a continuación.

Desde un punto de vista físico se presenta un cuadro consistente en sudoración, cansancio, falta de apetito, problemas estomacales, somnolencia, insomnio, náuseas, taquicardia, dolores musculares… ¡Hum!, aunque esto también podría significar que hemos agarrado un gripazo de caballo percherón o que anoche cenamos almejas en mal estado. Así que no queda más remedio que poner esta sintomatología en relación con sus manifestaciones de orden psicológico.

¿Y cuáles son éstas?, pues irritabilidad, ansiedad, tristeza, sensación de vacío, indiferencia, nerviosismo, falta de concentración, pasotismo. De forma aislada esto nos puede hacer pensar que conocemos a más de un funcionero o profesional con el síndrome postvacacional crónico, pero, no nos engañemos, eso ni es síndrome ni gaitas. Suele ser lo que en psicología forense se denomina vagancia o mala leche.
Hemos de aclarar que existe otra patología laboral que suele estar relacionada con el síndrome que nos ocupa y es el conocido como Síndrome de Burn Out (quemados), el cual consiste en problemas de agotamiento o desencanto con el trabajo que se realiza. ¡Cáspita!, seguro que su incidencia en la Administración de Justicia debe rondar el 99%.

Insistimos, ¿presenta Vd, querido lector, los síntomas físicos y psíquicos que anteriormente hemos descrito de forma conjunta? Si la respuesta es afirmativa, mucho nos tememos que el síndrome le llega hasta las cejas, pero no se preocupe, aquí le daremos la fórmula para volver a ser el funcionero retozón que solía ser.


¿Qué soluciones proponen los expertos?, pues cosas tales como planificar la vuelta unas días antes de terminar las vacaciones, teorías de relajación, concederse un capricho, cambiar de look, apuntarse a un gimnasio y chorradas por el estilo. ¿Concederse un capricho?... ¡pero si tras las vacaciones estamos todos tiesos! ¡y con esta crisis además! En cuanto al look ¿mechas? ¿permanente? ¿me opero la nariz? ¿implante de pelo? Respecto a lo del gimnasio ¿gastarme un pastón en la inscripción y las cuotas para luego pasarme el día buscando excusas para no ir? Lo dicho, bobadas.







Aquí pensamos que es mejor dejarse de zarandajas y que al toro hay que agarrarlo por los cuernos y, por lo tanto, proponemos un tratamiento de choque. Así que, querido/a enfermo/a, lo que tiene Vd. que hacer es ponerse delante del espejo del baño de su casa y mirando fijamente a su imagen reflejada hacer lo siguiente: Pregúntese en voz alta por los años que le quedan para jubilarse ¿veinte? ¿treinta y cinco? ¿cuarenta? Seguidamente caiga en la cuenta de que, si la Diosa Fortuna no le sonríe con una primitiva de 6 cifras por lo menos, se va a dedicar a trabajar en esto de la Administración de Justicia durante todos esos años, así que no le queda más remedio que intentar disfrutar de su trabajo (sí, disfrutar, aunque suene a herejía) y pasarlo lo mejor posible, que seguro que tiene un montón de compañeros estupendos.

Le aseguramos una curación total… o tienen que venir los bomberos a tirar abajo la puerta de su cuarto de baño y sacarle a rastras.


(Publicado con anterioridad 09/2008)
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